En este mundo existen en esencia dos tipos de personas, quienes necesitan estabilidad y quienes se arriesgan.
Entre quienes buscan estabilidad se encuentra la persona que siendo o no consciente, busca un oficio o trabajo que le permita meramente subsistir hasta, luego de transcurridos varios años, jubilarse y empezar de veras a vivir. Del otro lado está la persona que se arriesga, la que piensa en grande y que sueña con poder conquistar el mundo para, luego de trascurridos varios años, tener capital y vienes que le generen los suficientes ingresos residuales para poder empezar de veras a vivir. Ambas personas van por caminos distintos pero con el mismo objetivo particular, ambas se esfuerzan y mucho; por un lado, se quejan de que su jefe no les paga lo suficiente; por el otro, se quejan de que los negocios no van tan bien; pasan su vida luchando de manera muy valiente pero menospreciando lo que hace su contraparte, sin percatarse de que se les va la vida presente, tratando de crear una para el futuro. Es por esto que en repetidas ocasiones, ambos lados, tratando de crear un futuro mejor para sus hijos, se olvidan de ellos en el presente; lamentablemente a los seres humanos no se les puede poner pausa como a un videojuego, hasta cuando las cosas empiecen a ir mejor. Olvidan a sus padres, esposos, primos, abuelos, etcétera, porque dicen el otro año me va a ir mejor y ahí todos nos volveremos a encontrar; y así siguen pasando los años.
Aunque suene a utopía, muchas veces es mejor recibir poca paga por hacer algo que en realidad nos gusta, que recibir mucho dinero por hacer algo que detestamos, por una sola razón dividida en dos motivos: primero, porque de esa forma viviremos bien el presente mientras esperamos nuestro futuro, y segundo porque muy probablemente cuando empecemos a madurar no añoraremos tanto ese futuro porque estaremos contentos con nuestro presente (que es lo único en lo que realmente tenemos control).
Debemos estar conscientes de que la vida es una sola y no le podemos poner pausa, por lo que es mucho mejor empezar a vivirla desde este mismo instante, y no esperar a ese mañana tan lejano que a veces nunca termina de llegar.(O)
Francisco Andrés Ramírez Parrales,
ingeniero, parroquia Samborondón











