Mónica Varea
Toda clase de fundamentalismo, sea religioso o ideológico, nos empobrece, nos hace ver solo el un lado de las cosas. La lucha de la mujer por su igualdad, por el derecho sobre su cuerpo y su vida es totalmente legítima; sin embargo, para mi gusto está corriendo el riesgo de perder esta legitimidad y caer en el absurdo de los...
A mí me gusta la música tropical, cuando estoy triste (y sola) escucho de todo, excepto reguetón, y cuando llueve bailo, no para provocar más lluvia, sino porque no puedo ir a caminar al parque. Hace poco bailaba ese merengue: “Ay mami, ¿qué será lo que quiere el negro?”, y a renglón seguido aquel del mono que dice: “Dale plata a que siga”. No me...
Hace un par de semanas el primo Pablo llegó como siempre, con alguna anécdota genial y con un abrazo. Él es probablemente el mejor contador de historias que conozco, lo heredó de mi tío, no cabe duda. La mayoría de ellas las he oído miles de veces, pero volverlas a escuchar siempre mejoran mi día. Si escucho su habitual ¿No sabías vos que…? Yo...
Tenía 4 años y permiso para caminar sola una cuadra a la redonda de mi casa. Al sur, hasta la casa de una tía que me brindaba sopa de quinoa todos los miércoles; y al norte, hasta la Tienda Amarilla. No sé cuál habrá sido su nombre, o si tenía uno, pero así la llamábamos por el color de su fachada. Una pequeña tienda en la que vendían pocas...
En mi familia paterna seguramente por su relación con el campo y la tierra, las “malas palabras” y ciertas palabras en quichua siempre se hablaron con naturalidad. Papá usaba verbos como “mear” (que me aterra) o “parir”, sin despeinarse. Mamá sí ponía cara de terror al escucharlas, pero cuando el tío Pepe volvió de España al cabo de unos quince...
En Latacunga de los años 60, “la” Lucinda Albán era una querida amiga de la familia. En una ocasión mis padres y mis tíos fueron a almorzar en su casa y a la noche la tía Panchita regresó con un hermoso y elegante saco que la señora le había prestado. Recuerdo que era un martes de...
En algún momento de mi vida dejó de gustarme la Navidad. Recuperé el gusto por ella el día que decidí aprender a hacer tamales para invitar a la gente que quiero a compartir recuerdos. Yo aquí les dejo algunas peripecias navideñas, que seguramente ya las habré contado, pero como ya soy abuela...
Y éramos jóvenes, y soñábamos, y creíamos, y cantábamos: “Entre tu pueblo y mi pueblo hay un punto y una raya, la raya dice no hay paso, el punto vía cerrada. Caminando por el mundo se ven ríos y montañas, se ven selvas y desiertos pero no puntos y rayas. Porque esas cosas no existen sino que fueron creadas…”. Porque nunca creímos en las fronteras...

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