El hantavirus es una enfermedad viral transmitida principalmente por roedores silvestres infectados. Su presencia ha sido registrada en varios países de América Latina, especialmente en Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil y algunas zonas rurales andinas. Aunque los casos no son masivos, las autoridades sanitarias mantienen vigilancia permanente debido a la gravedad que puede alcanzar esta infección respiratoria.

El origen del contagio se relaciona con la exposición a secreciones, saliva, orina o excrementos de ratones portadores del virus. Cuando estos residuos se secan, pequeñas partículas contaminadas pueden mezclarse con el aire y ser inhaladas por las personas. También existe riesgo al tocar superficies contaminadas y luego llevar las manos a la boca o nariz. En ciertos brotes sudamericanos se han reportado casos limitados de transmisión entre personas, situación que aumenta la preocupación epidemiológica.

Las zonas rurales, bodegas cerradas, cultivos agrícolas, galpones y viviendas abandonadas representan lugares de mayor riesgo. Por ello, el aseo preventivo es fundamental. Antes de limpiar espacios cerrados se recomienda ventilar por al menos 30 minutos. No debe barrerse en seco ni levantar polvo. Lo correcto es utilizar agua con cloro o desinfectantes para humedecer superficies antes de limpiar. Además, es importante almacenar alimentos en recipientes cerrados, eliminar basura acumulada y controlar la presencia de roedores alrededor de las viviendas.

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Los síntomas iniciales suelen confundirse con una gripe fuerte: fiebre, dolor muscular, cansancio, dolor de cabeza, malestar general y molestias gastrointestinales. Sin embargo, en pocas horas pueden aparecer complicaciones respiratorias severas, dificultad para respirar y compromiso pulmonar agudo, lo que obliga a hospitalización inmediata. Especialistas consideran que el cambio climático, las lluvias intensas y la expansión humana hacia zonas silvestres favorecen el contacto con roedores infectados. Por ello, la educación comunitaria y la prevención continúan siendo las principales herramientas de protección. La rápida atención médica ante síntomas sospechosos y el mantenimiento adecuado de la higiene doméstica y agrícola pueden reducir significativamente los riesgos. América Latina enfrenta así el desafío permanente de fortalecer campañas sanitarias para evitar nuevos brotes y proteger la salud pública. (O)

Nelson Humberto Salazar Ojeda, escritor, Quito