Tras la salida de las tropas internacionales y la toma de poder de los talibanes, Afganistán tendrá como reto durante el 2022 alcanzar el reconocimiento del nuevo régimen pese a las grandes dudas y rechazo que se tiene, mientras busca opciones para enfrentar una grave crisis que podría llevar al país a la hambruna.

Desde que entraron a Kabul (15 de agosto de 2021), la falta de apoyo y reconocimiento, las sanciones económicas internacionales y de Estados Unidos para impedir el acceso de los líderes talibanes, varios de ellos considerados amenazas globales, al sistema financiero internacional, aislaron a la nación.

Los talibanes quieren el reconocimiento oficial de la ONU y alegan que tienen derecho a representar a su país por contar con control total del territorio y ante el vacío de poder dejado por un Gobierno que huyó. La decisión se encuentra por el momento en el limbo.

“La acción de los talibanes establece una nueva posición geopolítica en la región que, por el momento, ha recibido el reconocimiento de China y Rusia, países que buscan generar un posicionamiento en la región, que desplaza a los miembros de la OTAN y la posición de occidente, que no logró afianzar un gobierno aliado, clave en el momento actual”, dice Michel Leví, del Centro Andino de Estudios Internacionales de la Universidad Andina Simón Bolívar.

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Leví añade que la inmensa cantidad de fondos para crear una estructura de país democrático que se invirtió, principalmente EE. UU., no dio resultados claros y visibles durante los últimos veinte años. Ahora esto se vuelve una carga a nivel político, militar e internacional, que debe ser evaluada y limitada al máximo.

En lo económico, la congelación de miles de millones de dólares en activos financieros por la comunidad internacional, incluyendo 10.000 millones de dólares retenidos por la Reserva Federal estadounidense, así como la pérdida de valor de la moneda afgana frente al dólar estadounidense o la falta de efectivo en los bancos y el sistema financiero, junto a la llegada del invierno, amenazan con sumir en hambrunas y caos a la población local.

El Programa Mundial de Alimentos indicó que el 95 % de la población afgana no tiene acceso a suficientes alimentos y alrededor de 23 millones de personas se enfrentan a graves pérdidas.

El apoyo que brindaba la comunidad internacional y la reactivación de los fondos de reconstrucción, para hacer frente a la grave crisis, fueron suspendidos tras la caída del anterior gobierno.

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Algo clave en un país en el que las ayudas procedentes de la comunidad internacional representaban alrededor del 43 % del PIB del país, según el Banco Mundial.

Por ahora los países del G20 acordaron una serie de ayudas y tanto Naciones Unidas como Estados Unidos anunciaron exenciones para el envío de ayuda humanitaria, recuerda EFE.

Política y mujeres

Otro de los temas que se abordan al hablar de Afganistán es la reimposición de duras reglas sobre las mujeres y sus derechos.

El régimen fundamentalista ha insistido desde su llegada al poder que las mujeres podrán volver en un futuro a sus puestos de trabajo o a la escuela, pero antes deberá crearse un marco para que se dé ese paso dentro de los límites que marca la sharía o ley islámica.

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“Los talibanes como bien sabemos es un régimen de facto, independiente de si otorgan más o menos facultades o derechos... cada vez coartan más las libertades de las mujeres o simplemente las otorgan en la medida que ellos puedan tener un control sobre ellas. Eso también implica una invisibilización de la mujer una transgresión importante de libertades y derechos fundamentales”, dice Catalina Saire, de Ladies of Liberty Chile, organización que considera que los ciudadanos afganos, especialmente mujeres y niños, están sometidos a vejámenes y que el mundo no debe invisibilizar la situación.

“La única esperanza finalmente va desapareciendo quedando todo al arbitrio del activismo, los movimientos y movilizaciones, que como sabemos hace unos días hubo disparos en una manifestación de mujeres”, añade Saire.

El periodismo también ha desaparecido en el país. Esto, sin contar que según el Instituto Internacional de Prensa (IPI), seis periodistas han muerto.

Los talibanes son criticados por formar un gobierno de mayoría religiosa, pertenecientes además a la etnia pastún y sin representación de otras minorías. Esto ha despertado el temor de que Afganistán se dirija hacia una nueva guerra civil como la que asoló el país en los años 90, tras la que llegaron por primera vez al poder los talibanes en 1996.

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Tras recuperar el poder este año, estos declararon una amnistía general, pero la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos denunció a mediados de diciembre que el régimen ejecutó al menos a 72 personas ligadas al anterior gobierno y a sus fuerzas de seguridad, utilizando en muchos casos métodos brutales como ahorcamientos y decapitaciones.

Diálogo para evitar mayor extremismo

Para el excanciller ecuatoriano Luis Gallegos, lo ocurrido este año en ese país es el cierre de un capítulo que empezó con la caída de las Torres Gemelas (2001) y que provocó una serie de conflictos en Medio Oriente.

“Es muy importante que haya un análisis de realismo y se trate de mantener un diálogo... creo que es importante lo que está haciendo el Gobierno de Catar en dialogar con los talibanes y buscar una negociación con ellos para una incorporación a la comunidad internacional regulada por leyes internacionales. El aislarles crea un vacío de poder y... cuando un país está bajo asedio de potencias que le limitan su acceso a mercados, lo único que suele hacer es encapsularse, vivir con lo que tienen y radicalizarse. Lo que se trata aquí es evitar un radicalismo extremo... (por eso) es importante tener una conversación clara con todos los Gobiernos de que el terrorismo es inaceptable y no se puede dar cabida o apoyo a grupos que tienen como norma el uso del terror contra poblaciones civiles”, dice Gallegos.

A los talibanes les conviene haber aprendido de la primera derrota y necesitan acceder a los mercados internacionales y tener relaciones con otras naciones.

Además tienen un riesgo interno: el grupo terrorista Estado Islámico, que se ha responsabilizado de los peores atentados terroristas en Afganistán desde que los talibanes asumieron el control. (I)