Hay cinco ‘Territorios de Vida’ de Ecuador registrados en la base mundial denominada registro TICCA. En el país son 17.906,37 km2 que albergan al bosque húmedo, seco y vegetación arbustiva conservados en zonas clave para mantener la biodiversidad, bajo sus propias formas de gobierno.

El problema, indica Paola Maldonado, investigadora de la Asociación Latinoamericana para el Desarrollo Alternativo que hizo un diagnóstico de estas áreas, es que el 80,2% de esos Territorios de Vida está amenazado por el extractivismo ante una posible explotación minera o petrolera.

El listado nacional incluye en la región Costa a las comunas Playa de Oro (106,09 km2) y Agua Blanca (92,02 km2), en Esmeraldas y Manabí, en su orden. Los otros están en la Amazonía y son el pueblo Shuar Arutam (2.325,34 km2), la nacionalidad Waorani del Ecuador (7.744,88 km2) y el pueblo Kichwa de Sarayaku (1.350,0 km2). En proceso de registro está la nacionalidad Achuar (6.779,30 km2).

En el territorio del pueblo Sarayaku se monitorea lo que se caza y hay multas para los que capturen especies prohibidas. Foto: CORTESÍA DEL EQUIPO DE COMUNICACIÓN DE SARAYAKU

A excepción de la comuna Agua Blanca, que se localiza dentro del Parque Nacional Machalilla, la superficie de los Territorios de Vida no forma parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas, por lo que son una alternativa a favor de la conservación.

Publicidad

El primer informe global sobre estos territorios se publicará el 20 de mayo próximo en el marco del Día Internacional de la Diversidad Biológica. En este se analiza cómo los pueblos indígenas y las comunidades locales contribuyen a la diversidad gracias a sus sistemas de gobernanza y prácticas culturales.

Se destacan 17 ejemplos, entre ellos, la recuperación de una especie en peligro crítico de extinción en una pequeña comunidad de China y la conservación de la selva bajo la gobernanza del pueblo Sarayaku en la provincia de Pastaza, en Ecuador.

El ecosistema incluye especies como las nutrias, los jaguares, los tapires y los lagartos. Foto: CORTESÍA EQUIPO DE COMUNICACIÓN DE SARAYAKU

La publicación es propiciada por el Consorcio TICCA, que aglutina a representantes de los pueblos y comunidades, ONG e investigadores.

Maldonado destaca que la capacidad de los pueblos indígenas y comunidades locales de conocer su territorio, de definir reglas comunes para manejarlo y de construir acuerdos colectivos permite la conservación de la naturaleza en estado óptimo.

“El caso de Sarayaku es ejemplar, pero hay otros en el país que dan cuenta de cómo estos esfuerzos por gestionar el territorio son fundamentales si en Ecuador se quiere seguir apostando por la conservación y cumplir los compromisos al ser parte del Convenio de Diversidad Biológica”.

Desde el 2010 se promueve el reconocimiento de los Territorios de Vida. El registro se hace de forma horizontal como una forma de reconocimiento entre pares con la participación del resto de comunidades y pueblos que tienen ya la denominación.

Publicidad

Más del 33% de la superficie del planeta está en manos de los pueblos indígenas y gran parte de esta área está en buen estado de conservación.

El territorio del Pueblo Sarayaku abarca 1'125.000 hectáreas. Foto: CORTESÍA EQUIPO DE COMUNICACIÓN DE SARAYAKU

En Ecuador, dice Maldonado, se inició el proceso de difusión de este concepto a partir del 2017. “No es suficiente la creación de las áreas protegidas estatales porque ya de por sí con un ejercicio de autonomía y autodeterminación en el marco de los derechos colectivos hay pueblos y nacionalidades que gestionan sus territorios y han logrado que la naturaleza se conserve bien. Han librado batallas tremendas frente a políticas nacionales que les imponen concesiones mineras y petroleras sin procesos de consulta previa, libre e informada”, manifiesta.

Pueblo Sarayaku protege 1′125.000 hectáreas de selva

Hay tres pilares en los Territorios de Vida y son un vínculo profundo de la población con su territorio, como conocer sus cascadas, los sitios de anidación y desove de tortugas o de florecimiento de ciertos árboles. El segundo es una forma de tomar decisiones colectivas sobre el entorno, y el tercero, que estas permitan la preservación de la naturaleza, indica Maldonado.

Daniel Santi, dirigente de relaciones internacionales de Sarayaku, dice que en el 1′125.000 hectáreas de selva que protege el pueblo Kichwa hay reglas, como la prohibición de cazar jaguares y la de capturar un tapir al año como máximo.

Un oso perezoso, una de las especies en el territorio del Pueblo Sarayaku. Foto: CORTESÍA DEL EQUIPO DE COMUNICACIÓN DEL PUEBLO SARAYAKU

Todo está incluido en un plan de manejo que data del 2011 y que recoge los estudios que reflejan la biodiversidad que se protege en la cuenca del río Bobonaza con incluso estudios químicos de la calidad del agua.

Hay 218 especies de aves de importancia alimenticia y cultural y 31 de mamíferos, detalla el plan.

“Se estima que existen entre 2.500 y 3.000 especies de peces de agua dulce en toda la Amazonía. Ecuador tiene 706 especies”, de las que 620 están en la región Oriental, señala el documento.

El objetivo es conocer el estado de estas especies para establecer límites de captura, dice Santi. “Tenemos una zonificación del territorio con áreas de asentamiento, de caza, de cultivos, de reserva”.

Una problemática es el aumento de la población que ha pasado de 10.000 a 26.000 en los últimos 42 años.

La población nativa está comprometida con la conservación en el territorio del pueblo Sarayaku. Foto: CORTESÍA EQUIPO DE COMUNICACIÓN DE SARAYAKU

“La ictiofauna suma más de 700 especies en los ríos, en las lagunas, en los pantanales”, dice Santi.

La presencia de jaguares y tapires, de aves como el paushi, pawa y munditi, y de reptiles como el lagarto es un indicador del buen estado de conservación de estos ecosistemas. En flora están las especies maderables como el chunco, ahuano y cedro.

Los kaskirunas se encargan de monitorear la cacería por familia para dimensionar el impacto anual y establecer medidas sustentables. Ellos son los guardabosques de la Selva Viviente (Kawsak Sacha).

Una muestra del estado de conservación es que Santi observó hace cuatro meses a un jaguar nadando en el río Rotuno. (I)

Una vista de la selva protegida en el territorio del pueblo Sarayaku. Foto: CORTESÍA DEL EQUIPO DE COMUNICACIÓN DE SARAYAKU