El 72% de la población mundial, incluidos los ecuatorianos, vive en países que enfrentan un déficit de recursos biológicos (donde la demanda excede la regeneración natural) y generan ingresos inferiores al promedio mundial. Esta es la conclusión del informe “La importancia de la seguridad de los recursos para la erradicación de la pobreza”, realizado por la organización internacional Global Footprint Network (GFN).

Estas naciones están expuestas a la inseguridad de tener alimentos, agua, refugio, ropa y energía. La humanidad ya exige de la naturaleza, cada año, más de lo que los ecosistemas del planeta pueden regenerar. A medida que el agotamiento de recursos se agudice, la competencia por esos recursos se hará más feroz, advierten los especialistas.

El rápido agotamiento ya está pasando factura, como se evidencia a través de una ralentización de desafíos ambientales que incluyen una lenta reducción de gases de efecto invernadero en la atmósfera, pérdida de biodiversidad, escasez de agua dulce y deforestación, indica el estudio.

Además, se afirma que las estrategias de desarrollo económico adoptadas por las naciones no logran abordar adecuadamente este desafío: “La visión generalizada sobre el desarrollo económico y el uso de recursos todavía está arraigada en una mentalidad colonialista de extracción o explotación”.

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Ubica como ejemplo que el Banco Mundial sigue apoyando políticas impulsadas en gran medida por el PIB, que Alemania continúa presionando para completar un nuevo gasoducto de gas natural desde Rusia, dirigiendo la inversión hacia la infraestructura de combustibles fósiles, y el Reino Unido quiere abrir una mina de carbón en Cumbria, al mismo tiempo que organiza la COP26.

En 2019, Ecuador agotó sus recursos naturales el 14 de diciembre y en 2018 el 28 de octubre. El Ecuador es una de las naciones “sobregiradas”. Una de las nuevas preocupaciones de colectivos ambientales es que el presidente electo Guillermo Lasso ha ubicado como uno de sus puntales para levantar la alicaída economía el aumento de la producción petrolera, cuando, según GFN, los gobiernos deberían enfocarse en alternativas sostenibles.

La oenegé internacional afirma que la solución a este problema es, por el lado de la oferta, invertir en la resiliencia y la productividad del capital biológico. Y en cuanto a la demanda, requiere encontrar formas de satisfacer las necesidades humanas a través de opciones mucho menos exigentes.

El cuidado de los océanos y las especies que habitan en ellos también son parte de la solución. Se calcula que cada año mueren en el mundo 100 millones de tiburones a causa de la pesca o de muertes accidentales provocadas por el ser humano y otras poblaciones de especies importantes para el ecosistema marino se han visto diezmadas.

Además, la sobrepesca estaría comprometiendo la soberanía alimentaria de los países más pobres. Si esta realidad continúa, el futuro no es prometedor. El pasado 3 de mayo, un equipo de quince científicos se embarcó en una expedición para proteger la ruta de migración marina entre las islas de Coco y Galápagos, en el marco del trabajo conjunto entre el Corredor Marino del Pacífico Este Tropical y los gobiernos de Costa Rica y Ecuador.

La misión es reunir más pruebas científicas para instar a las autoridades a que tomen medidas decisivas sobre el nivel de protección necesario para salvar una de las “autopistas migratorias marinas” más importantes del planeta.

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La expedición pasará por la isla del Coco y llegará a San Cristóbal, Galápagos, el 12 de mayo próximo. Desde allí, continuará su viaje y volverá a Quepos, donde terminará el 23 de mayo. Los científicos de MigraMar explicaron que la expedición se detendrá en seis lugares definidos en los que se llevará a cabo el marcaje satelital y acústico de peces y mamíferos marinos, el muestreo por video submarino, el recuento de la biodiversidad a través de avistamientos y la toma de muestras de ADN.

La expedición pasará por la isla del Coco y llegará a San Cristóbal, Galápagos, el 12 de mayo próximo.

Alex Hearn, líder científico de la expedición, explica que la investigación proporcionará más pruebas científicas importantes sobre la migración entre las áreas marinas protegidas por parte de especies como tiburones, ballenas y peces de pico y el atún.

Para mantener el progreso y erradicar la pobreza, los países necesitan suficientes recursos naturales dentro de su país para igualar su huella ecológica, o dinero para comprar competitivamente lo que necesitan en los mercados extranjeros.

“Cuando no se cumple ninguna de estas condiciones, los países pueden terminar en una trampa de pobreza ecológica, una situación en la que los recursos naturales del país son insuficientes para proporcionar suficientes alimentos, fibras, materiales de construcción y secuestro de CO2, entre otros factores”, indica GFN. (I)