Los abogados juegan un rol esencial en las democracias y en el fortalecimiento del Estado de derecho. La razón de ello es porque los profesionales del derecho son la cara visible de la ley. Los jueces, los fiscales, los abogados del Estado, los que ejercen en el sector privado, en fin, todos ellos, con su conducta y su ejercicio diario, dan vida al sistema legal de una nación. En sus relaciones con sus clientes, con los jueces y las cortes, así como con sus colegas, los abogados dan forma y expresión, por así decirlo, a los mandatos abstractos de las normas, y a valores tan esenciales como son la justicia, la libertad y la seguridad. Como se ha señalado, los abogados constituyen el derecho (David Luban, Lawyers and Justice. An Ethical Study).
No deja de sorprender el que a pesar de la relevancia que tienen los abogados en una democracia, su educación, su calificación como tales y, sobre todo, su conducta carezcan de regulación alguna. La abogacía en Ecuador es una profesión sin reglas.
El nuestro es de los pocos países donde no hay un régimen de responsabilidad y de disciplina para los abogados. Mientras en otras naciones los abogados que violan la ley o abusan de ella, o los jueces o fiscales que se doblegan frente al poder de la corrupción, los caprichos del poder político o el apetito del poder económico, o aquellos que no son leales a sus cliente, todos ellos, corren el riesgo de perder de por vida su matrícula profesional; entre nosotros, en cambio, no pasan de ser objeto de comentarios y quizás de alguna noticia. Por allí a lo mucho algunos son separados de sus cargos o se les llama la atención, pero al final siguen ejerciendo la profesión tranquilamente.
Comencemos por el inicio. ¿Qué educación jurídica reciben los futuros abogados? ¿Qué aprenden? ¿Cuál es el método de su educación? ¿Qué importancia recibe la ética en el currículum? (La ética de los abogados no es algo personal, su conducta tiene un impacto social enorme) ¿Cómo logran acceder a la matrícula profesional? ¿Es suficiente terminar los estudios de derecho para automáticamente ser profesionales? ¿Por qué no someterse a un examen estandarizado nacional en el que se midan no solo sus conocimientos –que ya es algo esencial– sino también sus valores? Y así por el estilo. Hay un total vacío al respecto.
Ecuador es de los países con más abogados en la región. Dependiendo de ciertas cifras el país tendría entre 590 y 605 abogados por cada 100.000 habitantes. Más que en Chile (250), Argentina (305) o Venezuela (400). La media en Europa es de 150 mientras que en EE. UU. –que es una sociedad altamente litigiosa– es de 410. Pero el problema no es necesariamente la cantidad de abogados, lo que es importante es la calidad de su formación y, por encima de todo, su integridad ética. ¿Son abogados leales a la ley o simplemente figuritas de plastilina que se entregan fácilmente ante fuerzas o actores ajenos al derecho? No predicamos ninguna forma de elitismo. Lo que anotamos es el gran abismo que hay entre la relevancia de los abogados (y periodistas) en el Estado de derecho y la defensa de la democracia, por un lado, y la ausencia de regulación, por otro. El derecho debe ser un factor de cambio social, no un obstáculo para el mismo. (O)











