Resulta un craso error de los dirigentes del transporte plantear de nuevo la demanda de aumento de las tarifas sin haber mejorado el servicio ni capacitar debida y responsablemente a los conductores, que se entiende son profesionales del volante, con licencia reconocida legalmente.

La semana pasada en Quito suspendieron parcialmente el servicio público de los buses de cooperativas privadas, medida impopular que causó un caos en el desplazamiento de todos los usuarios, que son decenas de miles.

La demanda principal era el aumento de las tarifas, que en realidad han estado represadas por años, pero a cambio de nada porque el servicio sigue siendo pésimo y el comportamiento agresivo de los conductores no cambia.

Allí está el resultado de los accidentes que protagonizan permanentemente, que han dejado muertos en las vías, que causan enormes daños, porque violan la ley y en definitiva hacen lo que les viene en gana, a vista y paciencia de las autoridades y la indiferencia y la permisividad de los usuarios, que se ven bloqueados e impotentes debido a sus necesidades de traslado.

Basta salir a las vías para confirmar diariamente la mala atención e irresponsabilidad de los choferes, la mala educación que exhiben, el trato despótico cuando se les observa cómo manejan o se les pide que no recojan pasajeros fuera de las paradas, que no corran ni disputen espacios con otras unidades en las calles y avenidas.

Constituyen un peligro cuando transitan por las vías. Cuando están en avenidas de tres carriles (por ejemplo, en Quito, en la Mariscal Sucre, Velasco Ibarra, E-35, autopista Rumiñahui, entre otras), imprimen velocidad por sobre los límites, toman el carril izquierdo, que es de rebasamiento para vehículos pequeños, y generan caos y obstaculizan la circulación. Se han hecho ejercicios cada cierto tiempo para que circulen por donde deben ir, pero al otro día vuelven a lo mismo.

A diario se comprueba cómo se transforman en obstáculos de la libre movilidad, más aún en horas pico. Se meten por donde quieren, invaden vías. Paran donde les da la gana, bloquean el tráfico y son los primeros bravos.

Por lo sucedido con el paro parcial del martes pasado, la autoridad municipal anunció sanciones drásticas luego de calificar la medida como una ofensa para el usuario y la ciudad, pero hasta cuándo debe esperarse que termine la impunidad y se sancione con estricto apego a la ley y las ordenanzas, que dejen de ser puras amenazas, ¿o les tienen miedo a los dirigentes del volante en medio de un momento preelectoral? Cuándo se implementa a plenitud el reordenamiento completo de rutas y frecuencias y la caja común.

A partir de este 13 de mayo se anunció la instalación de mesas técnicas para analizar la situación del transporte, con la demanda de establecer “tarifas justas”, garantizar el equilibrio financiero de las operadoras, mejorar el nivel del servicio y promover la inversión. Lo que no dicen ni llevan concretamente en los planteamientos es cómo van a mejorar el servicio a los usuarios, cómo van a capacitar a los conductores para que mejoren su comportamiento, cuándo empiezan a respetar las señales de tránsito, los límites de velocidad y dejan de corretear entre ellos. (O)