Platón, filósofo griego que vivió en los siglos V y IV a. C., propuso que la realidad del mundo material adquiere sentido solamente en su relación y coherencia con el mundo de las ideas, que es un universo perfecto, conformado por grandes conceptos como la justicia o la belleza. La realidad material debe apuntar a la ejecución de la idea que la fundamenta y al mismo tiempo la justifica. La influencia del pensamiento platónico en la filosofía occidental es grande, especialmente en el establecimiento de la dualidad entre el mundo de las apariencias y el de las ideas. Pensadores de la importancia de san Agustín, Descartes o Kant bebieron de la fuente platónica para desarrollar sus propias doctrinas.
Popper, filósofo austriaco contemporáneo, por el contrario, en La sociedad abierta y sus enemigos, plantea que el idealismo platónico es una de las principales doctrinas contrarias a la libertad que, para él, radica en los individuos que pueden debatir y construir, los modelos de convivencia que consideren adecuados.
La historia de la filosofía política está llena de doctrinas que desarrollan modelos de cómo debe funcionar la sociedad y del rol de las personas en ella. Naturalmente que esas propuestas, presentadas por esclarecidos pensadores, han incidido en las formas de gobierno que se han implementado e implementan en el mundo.
Las doctrinas políticas y otros elementos sociales, los intereses de todo tipo y factores culturales de los pueblos han sido y son tomados por el derecho o sistema normativo-jurídico, que les otorga una categoría diferente, que permite su exigibilidad, con el respaldo de la fuerza legítima. El derecho supera el debate filosófico y llega a definir la vida de las personas en sociedad, desde la perspectiva de la norma, de obligatorio cumplimiento.
El derecho es la mayor y más sofisticada construcción social que regula la convivencia de la gente al interior de los Estados y también las relaciones de estos a nivel internacional, porque si no fuese así, la fuerza en cualquiera de sus expresiones: militar, económica o científica, sería la que se imponga. Claro está, que esta afirmación, reconocida por todos como válida, no significa que, tanto a nivel interno como externo, los poderosos y los otros, no la manipulen o violenten y, en ocasiones, de manera sistemática.
Por eso, la doctrina que contribuye con la definición de la institucionalidad jurídica, así como el derecho vigente o sistema normativo obligatorio, debe ser debidamente considerada, en el primer caso, y respetada estrictamente, en el segundo, porque representan las ideas y la materialidad normativa de cómo deben funcionar las sociedades. División e independencia de las funciones del Estado, respeto a la dignidad de las personas, derechos humanos, imperio de la ley y tantas otras categorías que son el producto milenario de la civilización, deben ser asumidas como lo que son: irremplazables creaciones culturales que buscan garantizar la vida en sociedad. La manipulación del derecho es inaceptable. El fortalecimiento de la institucionalidad y el respeto al imperio de la ley son objetivos que todo gobierno democrático debe tener como fundamentos de su gestión. (O)