He recibido mensajes que se refieren a las reflexiones que escribí el lunes 10 de febrero del 2014 en el espacio que titulé ‘Al filo de la guillotina’, con mención de los años siguientes a los hechos iniciales de la Revolución Francesa (1789) cuando se pasó al régimen del terror bajo el mando de Robespierre (1793-1794) en que miles y miles de franceses fueron decapitados en la guillotina, unos por monárquicos, o por nobles, o por religiosos, o por propietarios de feudos; pero otros por moderados en la Revolución y algunos más por ultrarradicales, de modo que nadie estaba libre del riesgo de perder la cabeza a decisión de los jueces que dependían de Robespierre y su entorno, hasta que los mismos también fueron guillotinados.

Con algunas similitudes, pero con diferencias de épocas y de los instrumentos de represión y también de fraseología, se dieron épocas de terror en otros procesos calificados de “Revolución”. Preguntas y comentarios se direccionan a saber mi criterio si –en forma figurada– es lo que hoy se vive en Ecuador. Mi respuesta es no, pero es cada vez más preocupante el sesgo dominante desde el poder, en la pretensión de copar todos los espacios en la medida de asumir ser dueño de la verdad, de convertir cualquier acción, investigación u opinión que le desagrade en acto de corrupción, sedición o conspiración, en la medida que autoridades y jueces para ser leales deben ajustarse a este, en el extremo de proclamar como su consigna la frase de Ignacio de Loyola, militar fundador de los Jesuitas, frente a la Reforma de las iglesias protestantes. “En una fortaleza sitiada cualquier disidencia es traición”. (Siglo XVI).

A días de las elecciones seccionales, hay un esfuerzo desde el poder como que quisieran que los electores se definan sobre solo dos opciones: “están conmigo o en contra mío”, cuando lo que se requiere es que en cada provincia o cantón se vote por su mejor opción de trabajo para prefecto, alcalde o concejales.

La relación de las autoridades seccionales con el poder central debe sustentarse en la Constitución y en las leyes, nunca subordinándose a afectos o desafectos.

León Roldós Aguilera, abogado, Guayaquil