La historia de este personaje en Ecuador data del 1968. En los 80 dio a conocer su cocina en la ciudad al abrir en la Vieja Kennedy un restaurante en la calle Francisco Boloña, allá por el año 1982.
Esta podría llamarse la segunda tanda de las parrillas en la ciudad, etapa liderada por la Parrilla del Ñato. Antes de estos años, se podía comer buenos cortes a la parrilla solo dos sitios: La Parrilla de Leys en Urdesa, y Olmos en Boyacá y García Avilés.
Todos estos parrilleros del Cono Sur enseñaron a Guayaquil a comer término medio, implementaron el proceso de reposo, y algo de maduración. Es decir, a tratar bien la carne.
Desde hace unos trece años el restaurante migró a Playas, ubicándose ahora en el km 5 de la vía a Data. El Gordo Daniel se diferencia por su método de cocción, al tanque, técnica originaria de Asia, al colocar o colgar carnes para cocinarlas en recipientes cerrados.
Pero específicamente al tanque es una técnica española nacida en Murcia durante la Guerra Civil. Se emplea agua, fondo, cerveza, vino o un líquido a temperatura constante entre 90 y 100 °C. Las carnes se suspenden en ganchos dentro del cilindro y el calor interno concentrado sella rápidamente los poros exteriores. Las paredes circulares del tanque distribuyen el calor de manera uniforme.
Así, El Kiosko tiene muy diversos cortes al tanque, bife de chorizo, picaña, costillas, tomahawk, asado de tira, y hasta pato.
Pero este sitio es hoy más conocido por su evolución, lo que ellos llaman “los mejores sándwiches del país” y, sobre todo, por su icónico sándwich de langosta.
Un sándwich de cualquier marisco es más difícil de elaborar que uno de carnes. El sabor del marisco, en este caso, crustáceos, es más sutil y por lo tanto, más fácil que se pierda entre los aderezos o el pan. No con los del Gordo Daniel, donde el protagonista es la proteína del mar. Probamos varios. El de langosta y el de cangrejo son excepcionales. Pese a las salsas necesarias para que el marismo se amalgame, el sabor de langosta y de cangrejo estaba ahí, presente, puro y fresco.
Los cortes eran del tamaño adecuado. Ni tan pequeños como para ser migas o escamas, ni tan grandes como para dificultar su ingesta. El de pangora también estuvo delicioso. Sin embargo, se me ocurre que este último, con un poco de mantequilla quemada con dos gotas de whisky o brandy untados en el pan, ganarían muchísimo, puesto que fue el único de los probados en el cual el retrogusto fue corto.
Los panes son de muy buena calidad. Ciabatta con aceitunas y pimiento rojo, con romero y ajonjolí, o baguette con tomillo los que eran de carne y no mariscos, como el de ribs o de carne desmechada.
Cuando a un sándwich no hay que añadirle ninguna salsa más allá de las que el mismo está preparado, como es el caso del Godo Daniel, uno sabe que está frente a un producto serio. Si vas a Playas o estás en las cercanías, vale detenerse y probarlo.
(O)