Monseñor Luis Cabrera, presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, es parte de la Comisión Convocante al diálogo entre el Gobierno y la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie). En entrevista con EL UNIVERSO, explica que este llamado busca plantear soluciones a la crisis que vive el país. Señala que el error de ambas partes fue recurrir a la violencia para exponer sus pedidos y respuestas.

¿Cómo es que el país llegó a este nivel de conflictividad?

Hay que partir de algunas realidades que están ahí, que no son de ahora, sino de hace muchas décadas. Por ejemplo, la pobreza y la pobreza extrema, con todo lo que implican, como la carencia de trabajo, de salud, de educación, de vivienda, son lacerantes, y no ha recibido respuestas del Estado; la corrupción ética, el despilfarro de los bienes del Estado; la inseguridad, que últimamente cobra niveles desgarradores, el crimen, el sicariato... Todo eso ha creado un malestar social, la gente se cansa de eso y al no recibir atención de las autoridades pertinentes se desboca. Lógicamente que para encarar esos graves problemas hay otros caminos, otros cauces, y en un sistema democrático como el que vivimos el diálogo sigue siendo el medio idóneo, y quizás el único pues hace posible que las partes puedan sentarse a analizar estas realidades y buscar soluciones que beneficien a todos. ¿Pero quién convoca al diálogo? Aquí es donde aparece la Fundación Esquel, que ha tomado la iniciativa de invitar a varias organizaciones de la sociedad civil, entre ellas la Iglesia católica, y hemos aceptado. Lo primero que tenemos que hacer es lanzar propuestas para que las partes las consideren y vean si las aceptan. En pocas palabras, lo que esta organización está proponiendo es una metodología de trabajo.

¿Cuáles cree que han sido los aciertos y errores del Gobierno y la Conaie en esta crisis política?

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Creo que el mayor desacierto de unos y otros, con todo respeto, es haber tomado el camino de la violencia. Pese a que han manifestado que se trata de una protesta pacífica, al salir a las calles uno comienza a mirar que van armados, con piedras, con palos, y esos no son medios pacíficos. Y eso hace que venga la otra violencia institucional, represiva. Una violencia genera otra violencia y se va generando un campo de batalla. Aquí hay que ser coherentes. Queremos el diálogo, buscamos la paz, busquemos los medios pacíficos. El miedo es miedo y es mal consejero. Salir de la lógica de la violencia es muy difícil salvo que haya la voluntad política.

Usted estuvo también en la comisión que facilitó el diálogo en octubre del 2019. ¿Hay similitudes con el escenario actual de la protesta?

Por supuesto. Hay muchas realidades parecidas, por ejemplo, en la misma manifestación que en un momento dado desembocó en una ola de violencia. Usted recuerda toda la destrucción de la capital, la quema de edificios de instituciones públicas como la Contraloría General, y ahora se va por el mismo lado. Me llamó la atención el ataque a la Fiscalía, el cuartel de Puyo... Veo que hay grupos que quizás tienen otros proyectos políticos y quieren conquistar el poder a como dé lugar. ¿Y para qué quieren el poder? Para imponer, para dominar, para hacer prevalecer sus visiones y modelos políticos. Y está bien que busquen el poder, pero debe ser a través de los medios que el sistema democrático nos presenta: las elecciones. Además, veo que cuando hay muchos puntos a tratar más difícil es el diálogo. En octubre del 2019 el único punto de diálogo era la focalización del subsidio a los combustibles y cuando se llegó a la mesa de diálogo ese tema quedó inconcluso, no se lo trató, se habló de otros temas. Y ahí está la seriedad de las partes, si vamos a trabajar o no sobre determinados temas, y si se necesitan peritos o expertos los buscamos... Veo que son situaciones muy parecidas, no sé si más o menos graves.

¿Cuál es metodología que plantean?

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Primero habría que acercarse a las personas y preguntarles qué es lo que esperan de nosotros. Y a partir de eso elaborar una propuesta porque mal haríamos nosotros en hacerla sin conocer sus requerimientos. Esta mañana se están haciendo esos contactos de parte de algunas organizaciones con mayor afinidad con las partes. Apenas haya respuestas se darán a conocer, ojalá sea cuanto antes porque no podemos perder más tiempo.

El Gobierno ha aceptado participar en los diálogos; envió una carta de aceptación. ¿Hay alguna respuesta oficial de la Conaie? Anoche, Leonidas Iza dijo que quieren ir a un “diálogo con respuestas”, dando a entender que quiere que les den todo lo que pide; y además ha puesto más condiciones, como que se derogue el estado de excepción y que se les ceda el parque El Arbolito y la Casa de la Cultura. ¿Eso es querer diálogo?

Cuando uno quiere en serio dialogar sobre temas en conflicto hay que sentarse a la mesa y negociar. Aceptar y ceder cosas. Esa es la dinámica del diálogo. Al poner ciertas condiciones para hacerlo, el Gobierno tendrá que evaluar si las acepta o no, si le conviene o no, y las consecuencias.

Iza le ha pedido a la Iglesia que abra los templos para que la gente se aloje en ellos mientras dure el paro. ¿Ustedes aceptarían?

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Lo escuché por las redes, pero no hemos recibido nada oficial. Pero es algo que hay que analizar. Los templos católicos están hechos para el culto, la oración, no tenemos una infraestructura básica para que las personas puedan comer, dormir, asearse... No es solo abrir por abrir... Hay que pensar en todo eso. Son de esos pedidos que no se piensan detenidamente... Además, hay que pensar que el templo no es exclusivo de un grupo. Es un tema complejo. En el diálogo se analiza la conveniencia o no de las propuestas... Yo recuerdo que hace años cuando era estudiante, hace algunas décadas, se tomaron la iglesia de San Francisco y estaban ahí unas 700 personas. Y había que darles de comer, de dormir... No son lugares adecuados, era un drama tremendo no poder atenderles bien.

¿Hay alguna respuesta o señal de aceptación de la Conaie?

Hasta este momento no tenemos nada. Esperamos que esta mañana y tarde las cosas se vayan concretando.

¿Y si no aceptan?

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Si no quieren nadie los puede obligar; nosotros partimos de la voluntad, de deseo, de la decisión de dialogar. Las personas deben darse cuenta de que este problema ya se les salió de las manos. La situación se pone más compleja porque se están sumando más grupos y a ellos también habría que invitarlos a dialogar.

Si esto no se resuelve por la vía del diálogo y aumenta la violencia en las protestas, ¿hay condiciones para que caiga el Gobierno?

Bueno, podría darse esa situación. Pero así como hay personas que están protestando, es su derecho, hay otros ciudadanos que quieren la paz, quieren trabajar, salir adelante... Ayer en Guayaquil se dio una marcha pacífica y ellos dijeron: También estamos nosotros, los que queremos la paz.

¿Hay grupos políticos que están esperando que esto ocurra para sacar provecho?

¿Y la democracia? Es frágil, tiene sus defectos, pero al menos es un sistema que nos permite dialogar. Es preferible una democracia débil, defectuosa, que una dictadura. Si hay personas que quieren el poder, que sigan los caminos que la democracia les da, pero que no se aprovechen de esto para usurpar el poder del pueblo. (I)