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El 32,6 % de la población ecuatoriana es pobre por Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI)

El porcentaje más bajo de pobreza por NBI se dio en diciembre del 2017 con 31,8 %

En zonas de Guayaquil como Monte Sinaí, en el noroeste de la ciudad, hay familias sumidas en la pobreza. Foto: Ronald Cedeño

Una de las cuatro formas de medir la pobreza en el país es con base en las necesidades básicas insatisfechas (NBI) de la población.

El 32,6 % de los habitantes es pobre por NBI, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en diciembre del 2020.

El porcentaje mantiene una tendencia a la baja, después de un ligero repunte entre 2017 y 2019. Una persona es pobre por NBI basado en cinco componentes: calidad de vivienda, hacinamiento, acceso a servicios básicos, educación y capacidad económica.

El INEC indica que no existe una comparabilidad estricta entre los datos del 2020 con los de años anteriores debido, entre otros factores, a que se redujo el tamaño de la muestra en la última encuesta realizada. Pero el organismo igual publica los datos en conjunto con los anteriores con fines referenciales.

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En zonas de Guayaquil, como Monte Sinaí, en el noroeste de la ciudad, no hay servicio de agua potable entubada, por lo que sus habitantes compran el líquido a tanqueros o se proveen a través de las lluvias.

El acceso a servicios básicos es uno de los parámetros que se toman en cuenta para definir si un hogar es pobre.

Juan Salvatierra, de 35 años, perdió el empleo en marzo del 2020 como técnico en refrigeración industrial. No tiene hijos, pero sí mantiene a su esposa y a la hija de ella que también estaba desempleada cuando empezó la pandemia del COVID-19.

“Tenía diez años trabajando, pero me suspendieron durante seis meses del año pasado”, dice Juan, quien vive en una casa de caña, en Monte Sinaí, que no tiene acceso a servicios básicos como agua potable y alcantarillado.

En esta vivienda se van dos tanques de agua diarios si no llueve, que compran a $ 0,25 cada uno.

Juan regresó a laborar en septiembre último, pero desde hace una semana de nuevo lo suspendieron ya que no está en un puesto estable. Su esposa, Felisa Santana, de 52 años de edad, se limita en la dieta cuando no hay ingresos en el hogar o también ambos se ayudan con la venta de encebollado de pescado durante los fines de semana a sus vecinos.

“Por lo general compro comida para quince días, un pollo, pescado y dos libras de carne de res, con eso comemos los tres”, afirma Felisa.

Su hija, de 24 años de edad, ahora trabaja en una camaronera, pero también es una actividad temporal. (I)

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