¿Sobrevive el jaguar en el bosque seco tropical del suroccidente del Ecuador? Esa es la respuesta que un grupo de científicos busca despejar con la colocación de cámaras trampa en puntos específicos de las pocas y reducidas áreas conservadas de este ecosistema, uno de los más amenazados del mundo.

El jaguar (Panthera onca) está en la categoría En peligro crítico de extinción, en la región Costa del país.

Un plan regional para rescatar al jaguar de la extinción se aplicará en Ecuador y en otros 13 países de América

Un grupo de investigadores de la Fundación para la Conservación e Investigación JaPu, ONG que centra su trabajo en la conservación del bosque seco que rodea a Guayaquil, ejecuta el proyecto Buscando el Jaguar del suroccidente del Ecuador, con el objetivo de captar y estimar la población actual del felino más grande del continente americano en esta parte del país.

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“Está pensado como un esfuerzo científico para buscar al jaguar en algunos de estos bosques en la Costa y áreas cercanas en provincias de la Sierra con bosques húmedos ubicando cámaras trampa en lugares estratégicos”, indica Cristian Barros, presidente de JaPu.

“Estas herramientas nos permitirán conocer también el estado de conservación, ya que se piensa que puede estar extinto localmente”, añade.

La investigación se ha centrado hasta ahora en la Reserva Ecológica Comunal Loma Alta (Recla), el Bosque Comunal Las Balsas, ambos en la provincia de Santa Elena, y en el Bosque Protector Cerro Blanco, en Guayas.

Las tres son áreas de conservación que están dentro de un corredor en la cordillera Chongón-Colonche, que flanquea la Costa del país.

“Empezamos colocando ocho cámaras trampa en la Recla entre enero y septiembre del 2020. Seguimos con las Balsas, entre octubre del 2020 y marzo del 2021, donde aumentamos el esfuerzo de muestreo a quince cámaras trampa. Esta fase fue en conjunto con la asociación BioS (BioS Centro de Investigación Biodiversidad Sostenible) de Perú”.

El estudio se centra ahora en el Bosque Protector Cerro Blanco con 25 cámaras trampa, un esfuerzo en conjunto con la Autoridad Aeroportuaria de Guayaquil.

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En las tres áreas se han identificado 25 especies de mamíferos silvestres, sin embargo, aún no hay registros directos del jaguar.

El último avistamiento de un jaguar en el bosque seco del suroccidente fue en el 2012 en el Bosque Protector Cerro Blanco, captado en cámara por la Fundación Pro-Bosque. “Desde entonces no se han hecho suficientes esfuerzos para confirmar si aún existen individuos”, indica Barros.

Muchos científicos dan por hecho de que ya no hay jaguar en los bosques secos del Ecuador, y por ende sugieren que todos los esfuerzos de conservación deben dirigirse al jaguar del Oriente”, pero no todo está perdido.

Paúl Cun, técnico de Fundación Pro-Bosque, asegura que el último avistamiento fue el de un guardaparque que reportó la observación de una pareja de jaguares en Cerro Blanco en el 2016, pero no quedó documentado en cámara.

“De allí para acá hemos visto indicios de que están como rastros de huellas , rasguños en árboles y excremento”, afirma Cun.

En el caso de que al finalizar el estudio se determine que la población de jaguar del bosque seco ecuatoriano no es viable por problemas como la falta de conectividad entre los remanentes de bosque o por la endogamia (apareamiento entre animales emparentados entre sí genéticamente por ancestros comunes), la alternativa, dice Barros, es un plan de acción para la reintroducción del jaguar.

En las áreas evaluadas hay presas del felino como los venados. Foto: CORTESÍA JAPU

¿Cómo se haría? El primer paso, considera el especialista, ya fue dado y es el estudio actual de cámaras trampa que durará algunos años más en otros bosques con el apoyo de otro de los aliados, el Zoológico El Pantanal, que colabora con cámaras trampa.

“Al mismo tiempo hemos determinando el grado de conectividad entre los bosques y la disponibilidad de alimento para el jaguar; en especial de venados y saínos, sus principales presas. Otro paso importante es la educación ambiental de las comunas donde hemos estado haciendo los estudios, algunas comunas están a la espera de que el jaguar vuelva, pero en otras no”, asegura Barros.

La estrategia a mediano o largo plazo es la construcción del Centro de Rescate de Fauna Silvestre de JaPu con el fin de criar jaguares que sean aptos para su liberación, con collares satelitales y así devolver el equilibrio a los bosques del suroccidente del Ecuador. “Estamos en conversaciones con la Autoridad Aeroportuaria de Guayaquil, institución que está muy interesada en determinar un terreno apto para realizar el refugio”.

SI bien las cámaras trampa no han captado a un jaguar sí hay evidencia de su presencia, como rastros de pisadas sobre la superficie del bosque, lo que da esperanza a la investigación de que la especie aún persiste en la zona.

El jaguar ha sido un importante símbolo para las distintas culturas del continente, donde hay alrededor de 64.000 individuos con 34 subpoblaciones, de las que 33 se encuentran en peligro o peligro crítico de extinción debido a la pérdida y la fragmentación de su hábitat producto de la agricultura, ganadería y el desarrollo urbano, la excesiva caza de sus presas naturales y el comercio ilegal de su piel, dientes, entre otras causas.

Esta especie es clave en los ecosistemas tropicales americanos porque mantiene el equilibrio.

Las cámaras trampa han captado manadas de sainos, que son presas del jaguar. Foto: CORTESÍA JAPU

Denis Mosquera, director científico de JaPu, afirma que las iniciativas para la conservación de los grandes vertebrados icónicos como el jaguar a través de la protección de sus hábitats protege por concepto a la fauna y flora que ocurre en el rango geográfico de la zona de protección.

“De esta forma el beneficio ambiental de la protección de este felino se eleva a su máxima expresión cuando analizamos el alcance global de la iniciativa. La continua devastación de bosques naturales se ha mantenido durante el último siglo y tristemente es evidente. La pérdida de diversidad de flora y fauna en general, extinciones locales, reducción poblacional, cambios en los patrones de distribución, cambios extremos en el uso de suelo, deterioro dramático de la calidad de los hábitats, fragmentación, entre otros, son algunos efectos negativos de tal devastación”.

El científico resalta una realidad de la región. Menos del 10 % de los bosques secos tropicales, restringidos al sur y occidente del Ecuador, permanecen conservados, principalmente gracias a iniciativas gubernamentales y privadas.

“Importantes proporciones de estos últimos remanentes están en cerros y colinas circundantes a la ciudad de Guayaquil, como cerro Blanco, cerro Prosperina, Reserva Papagayo. Zonas conservadas de menor extensión están ubicadas dentro de los límites de la ciudad”.

En este último grupo se incluye a Cerro Paraíso, Bosque Bellavista, Bosque Palo Santo, entre otros.

“El principal reto ambiental de la actual sociedad guayaquileña podría enfocarse en mantener y mejorar las estrategias de conservación de estos remanentes. Solo así podremos disfrutar de manera prolongada de los beneficios ambientales que el bosque nos provee, como la mejor calidad de aire, deleite de la naturaleza, barrera natural contra desastres naturales y más”, indica Mosquera. (I)

Cristian Barros, presidente de JaPu, y Abel Gallo, director de conservación de JaPu, ambos encargados de la investigación. Foto: CORTESÍA JAPU