La principal amenaza de las cabras que pastorean durante el día en los alrededores de la Reserva Natural La Ceiba, en Loja, son los pumas que las cazan como alimento.

Los rebaños de los ganaderos permanecen a la intemperie y por las noches retornan a los corrales, donde quedan encerrados y seguros en las granjas. Es en este periplo cuando algunas cabras se pierden y pernoctan en el bosque.

Entonces los pumas están al acecho y capturan a estas cabras rezagadas. Estos felinos son nocturnos sobre todo en zonas donde hay mucha presencia humana en su territorio, indica Cindy Hurtado Martínez, vicepresidenta del Centro de Investigación Biodiversidad Sostenible-BioS.

De las catorce familias del sector al menos ocho han reportado que cada una pierde en promedio cuatro cabras al mes, hasta $ 240, ya que un ejemplar cuesta entre $ 40 y $ 60.

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La bióloga Hurtado ha colocado cuatro collares de GPS a pumas que viven en el bosque seco, para hacerles seguimiento como parte de la tesis de su doctorado de la Universidad British Columbia de Canadá. En diciembre pasado pusieron uno en el cuello de un puma hembra en La Ceiba, una reserva privada de 10.200 hectáreas administrada por Naturaleza y Cultura Internacional (NCI).

Con esto se observan casi en tiempo real los movimientos del ejemplar. “Estoy en contacto con una de las familias y les informo cada vez que el puma está cerca del sitio Cabeza de Toro, donde ellos viven”, dice Hurtado.

El conflicto se evidenció en 2015 cuando los científicos del Centro de Investigación Biodiversidad Sostenible-BioS llegaron a trabajar en esta zona fronteriza que alberga al ecosistema del bosque seco, que comparten Ecuador y Perú.

Los habitantes del lugar viven de la ganaderÍa. Obtienen dinero de la leche, del queso o la carne. “Entonces hay personas que en represalia han intentado matar a los pumas. Incluso ya lo han hecho en el pasado”, asegura Hurtado.

Uno de los problemas en esta área protegida es la escasez de presas naturales habituales del puma como el venado de cola blanca y el pecarí de collar. “Hemos dejado las cámaras trampa por un año y no se ha registrado ni uno solo. En el Parque Nacional Cerros de Amotape, en Perú, que está cerca a La Ceiba, siempre hay fotos de pecaríes, hay una población saludable de pumas y sus presas. Allí hay ganado vacuno, pero no se dan ataques a los animales que crían los humanos”, asegura.

Ante la ausencia de las presas naturales en La Ceiba quedan las cabras. “Es un problema ecológico y social complejo, se habla con la gente para que tenga cierta tolerancia con los pumas. Desde las ciudades se observa a estos felinos tan lindos, pero no los tienen en los patios de sus casas comiéndose su sustento diario”, dice Hurtado.

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La solución no es matarlos ya que seguirán llegando otros a ocupar esos territorios, porque hay una población saludable de pumas del lado del ecosistema en Perú que cruza la frontera hacia Ecuador.

“La población es consciente de la importancia de la presencia del puma, son buenos dispersores, pero el problema no se acabará matándolos. Lo de remover depredadores es una práctica que se hace en otros sitios con la idea de bajar el ataque al ganado, pero está demostrado que ese no es el caso ya que llegan depredadores de otros sitios, incluso pueden llegar varios a pelear por ese territorio que queda libre, entonces más bien aumenta su arribo y obviamente los ataques”, afirma Hurtado.

La conexión de las reservas privadas con las áreas protegidas estatales es una opción con la conformación de corredores. Otra alternativa es recuperar la población de presas naturales con la reintroducción de venados o saínos, según Hurtado.

También, la mejora de las prácticas ganaderas con un mayor cuidado de las cabras, incluso evitando que mueran más por enfermedades teniendo el seguimiento veterinario adecuado. “Hay que atacar el problema desde varios frentes”.

Darwin Martínez, coordinador en Loja de NCI, afirma que la cría de cabras es una de las principales actividades económicas en el suroeste de Loja.

“Un aspecto es que el bosque seco se ha adaptado a este sistema productivo a diferencia de las áreas donde se ha talado para sembrar maíz. El capicultor se preocupa por mantener el bosque porque de ahí obtiene el forraje para sus animales, claro que las cabras sí ocasionan un impacto muy fuerte en el crecimiento y desarrollo del bosque”, afirma.

Pintar ojos en las ‘nalgas’ de las cabras como mecanismo de defensa para evitar que sean cazadas por los pumas

Un puma al acecho en la Reserva Natural La Ceiba, en Loja. Foto: RENZO OJEDA J.

Cristian Barros Díaz, presidente de Japu, ONG que centra su trabajo de investigación en la Costa del país porque es una región con altos vacíos de información, impulsa un proyecto para reducir la muerte de las cabras.

El plan busca cuantificar y probar una medida de mitigación que es la de pintar manchas oculares artificiales en las ‘nalgas’ de las cabras como método disuasivo, para disminuir el conflicto y reducir el impacto económico del puma en la comunidad aledaña a la Reserva Natural La Ceiba.

El puma es un depredador de emboscada, lo que significa que prefiere acercarse sigilosamente a sus presas desprevenidas, y si cree que ha sido visto antes de iniciar la persecución, puede llegar a abandonar la caza, menciona Barros.

El método de pintar ojos artificiales es simple y de bajo costo, y se ha documentado en otros trabajos que ayuda a reducir el conflicto entre el ganado y los carnívoros.

“La idea del experimento se apoya primordialmente en la estrategia antidepredatoria aposemática (cuando las presas tienen rasgos llamativos con la función de alejar a sus depredadores), presente en muchos otros grupos de taxones (de animales), que usan en su patrón de coloración manchas oculares como método disuasivo, práctica que se quiere replicar de forma artificial al pintar la parte trasera de los chivos con pintura acrílica blanca y negra”, afirma Barros.

El mecanismo ha funcionado en África, según un estudio realizado el año pasado. “Como futura fundación aprobada por el MAA (Ministerio del Ambiente y Agua del Ecuador), queremos llevar a cabo este estudio con nuestro aliado BioS. Este proyecto busca mitigar el conflicto entre el humano y los grandes carnívoros”, indica.

El objetivo es la disminución de la cacería de pumas como represalia porque cazan a los chivos, así se los obliga a optar por volver a cazar sus presas naturales.

Como consecuencia, las pérdidas económicas de estas familias se reducirían drásticamente y su percepción hacia el puma cambiaría poco a poco, dice Barros.

Uno de los pumas captados por cámaras trampa en la Reserva La Ceiba, en la provincia de Loja. Foto: CORTESÍA Centro de Investigacion Biodiversidad Sostenible- BioS

El puma está en la categoría vulnerable en Ecuador.

“Adicional, se generará una base de datos de pérdidas de ganado por el puma, que podrá ser usada para futuros proyectos de mitigación como línea base y se dejará el primer precedente usando la metodología de pintar manchas oculares artificiales en América para ayudar a disminuir el conflicto humano-depredador”, concluye Barros.

El proyecto que espera por el financiamiento incluirá la capacitación de los ganaderos, para que en el futuro ellos mismos pinten los ojos en los chivos, al igual que apliquen un manual de mejoramiento de prácticas ganaderas.

“Hay que incentivarlos a que lo mejor siempre es tener el ganado cercado, especialmente los ejemplares más caros. Todo esto por medio de charlas y actividades de educación”, agrega el especialista.

“Seguimos a la espera de que nos aprueben los fondos para llevar a cabo este plan y en busca de otros fondos para ayudar a complementar los gastos extras que surgieran durante la ejecución”.

Pago por servicios, otra opción para proteger al puma

Hay ganado caprino en los alrededores de la Reserva La Ceiba, en Loja. Foto: CORTESÍA ÁLVARO GARCÍA

“Hay otras opciones como la de pago por servicios. La gente en las ciudades puede hacer donaciones para retribuir las pérdidas a estas familias que tienen el conflicto”, asegura Hurtado.

La convivencia de los ganaderos con la fauna silvestre tiene que mejorar en La Ceiba. “Hay pobladores que en el día mueven las cabras muertas que han sido cazadas y en parte comidas por los pumas. Al moverlas, el felino no regresará a seguir alimentándose de ella y esto ocasionará que siga cazando otras”, dice Hurtado.

En condiciones naturales, un puma caza a un venado, se alimenta, lo cubre y al día siguiente vuelve a comer, lo cubre y así por varios días. “Desde hace diez días, el puma hembra al que le pusimos el collar en La Ceiba está en el lado peruano”, menciona Hurtado.

Hay seis collares GPS más que en junio próximo se tiene previsto colocar en igual número de pumas en La Ceiba. “Hablamos con la gente y nos han prometido no hacerles nada a estos pumas y han cumplido, ya que no ha pasado nada con la hembra que tiene el collar, entonces vamos a colocar estos otros que tenemos”, manifiesta Hurtado.

El trabajo de investigación del Centro de Investigación Biodiversidad Sostenible-BioS se financia con donaciones privadas y de los Gobiernos de la región.

El conflicto se da en los bosques secos tropicales de la región tumbesina del suroeste de Ecuador y el noroeste de Perú, hogar de un gran número de plantas y especies animales únicas.

El sitio web de NCI indica que, “lamentablemente, más del 95% de estos ecosistemas excepcionales se han perdido debido por la intervención humana”. Y del 5% que queda, dice Martínez, la mitad está en el cantón Zapotillo, en Loja (I)

El ceibo sobresale del follaje del bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más amenazados del mundo. Foto: CORTESÍA ÁLVARO GARCÍA