Los problemas son constantes en zonas boscosas del Ecuador: traficantes de madera incursionan en áreas de difícil acceso para llevarse en pedazos árboles de especies protegidas; cazadores capturan monos, pájaros, jaguares, tortugas; mineros, en cambio, arrasan las riberas de ríos.

Hace ocho años, la Asamblea General de las Naciones Unidas instauró el Día Internacional de los Bosques, para alentar a los países a implementar iniciativas de conservación.

En el Ecuador, el Ministerio del Ambiente (MAE), organizaciones no gubernamentales, empresa privada y activistas trabajan en planes de protección y actividades sostenibles pese a los factores en contra como la crisis económica, la violencia que podrían enfrentar en territorio, las inclemencias propias de la geografía, entre otros.

Fredy Nugra, un biólogo que se especializa en el estudio de peces, junto con vecinos finqueros impulsaron la creación, en 2008, del área de conservación El Paraíso, mediante una ordenanza municipal, en una zona de Gualaquiza, Morona Santiago. Siete años después, se conformó el Área Ecológica de Conservación Municipal Runahurco (AECMR), que en la actualidad tiene una superficie superior a 80.000 hectáreas.

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“Hicimos el trabajo con el Municipio. Esta institución nos apoyó y junto con la comunidad hicimos los linderos. Con el pasar de los años hicimos un plan de manejo, en ese plan se dejó una perspectiva para poder ampliar esta área de conservación, es decir, para que esta área tenga unos corredores biológicos hacia los páramos y a los cuerpos de agua”, explica Nugra, quien es investigador asociado de la Universidad del Azuay.

Los planes de Nugra y sus vecinos eran más ambiciosos y, de a poco, se van concretando: la organización sin fines de lucro Bosque Medicinal colabora con el cabildo de Gualaquiza en el área El Paraíso. Ahí funciona un refugio que desde el 2016 recibe a estudiantes universitarios, docentes e investigadores científicos nacionales y extranjeros.

Visitantes extranjeros han llegado a la reserva Runahurco. Cortesía.

“Bosque Medicinal ha logrado publicar sus primeros artículos científicos, formar a nuevos profesionales en diferentes ramas, en específico, en turismo y territorio, asociado a la investigación científica”, destaca Nugra, miembro de Bosque Medicinal.

El trabajo de campo ha permitido detectar, con cámaras trampa, la presencia de especies que se creía ya no habitaban la zona, como el perro de monte (Speothos venaticus) y las aves tinamú gris (Tinamus tao) -cuyos huevos son color turquesa- y pava aburria (Aburria aburri).

DÍA MUNDIAL DE LA VIDA SILVESTRE 3 de marzo, ocasión para celebrar la belleza y la variedad de vida silvestre, a la vez que tomamos conciencia sobre los beneficios que nos aporta a la humanidad el cuidar la flora y la fauna salvages. Las imágenes que apreciamos son parte del monitoreo de especies nativas del Área Ecológica de Conservación Municipal Runahurco, trabajo que aporta información científica para su protección, puesto que la presencia de insectos, aves, plantas, animales y más especies, mantienen el equilibrio, buen estado y funcionamiento de los ecosistemas y de los servicios que estos ofrecen. #FrancisPavónAlcalde #GualaquizaTieneFuturo #DíaMundialDeLaVidaSilvestre

Publicada por GAD Municipal de Gualaquiza en Miércoles, 3 de marzo de 2021

No obstante, la biodiversidad de esta zona está en riesgo por la expansión agrícola, la presencia de cazadores, perros ferales (canes abandonados), entre otras amenazas relacionadas con el hombre. Ante esto, Nugra, sus colegas y amigos esperan que Runahurco sea anexada al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) sin condicionamientos para blindarla de cualquier actividad extractiva, sobre todo.

Deforestación

La depredación de los bosques es galopante. Según los datos históricos y proyecciones que constan en el Informe de evaluación de los recursos forestales mundiales (FRA) 2020 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El Ecuador contaba en 1990 con 14,6 millones de hectáreas (ha) de bosque. Veinte años después, esa masa arbórea se calculó en 12,4 millones de ha.

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Belén Páez, directora de la Fundación Pachamama, señala la escasa presencia del Estado en el campo y comunidades.

“Falta de personal, de unidades de monitoreo en distritos regionales, de la Amazonía. Falta de capacidad instalada de colaboración con las comunidades locales, que les permita hacer un monitoreo de cualquier tipo de actividad, de cambio de uso de suelo, tala o la siembra de monocultivos. Esto genera un vacío en términos de tecnologías que se podrían ya estar usando para revertir esta situación”.

Carga de madera de balsa, en Copataza, Pastaza. Crédito: Fundación Pachamama.

Páez refiere el auge de la tala y venta de árboles de balsa que se ha registrado en los últimos quince meses, sobre todo, en zonas de comunidades indígenas del Oriente. Algo que le preocupa ante la falta de suficientes controles por los daños colaterales al resto de especies.

“Podría considerarse como un elemento que podría generar más deforestación, que podría reportarse en el próximo periodo. No tanto porque la balsa sea una especie forestal codificada como madera fina, sin embargo, después de que se incursiona en el tema de la balsa -y así se evidencia en algunas comunidades indígenas- aparte de que están sacando la balsa, se está reportando que están saliendo otras especies de estos lugares, donde antes no había ninguna conexión para sacar especies forestales”, explica la representante de Pachamama.

EL UNIVERSO solicitó una entrevista con el Ministerio del Ambiente para abordar los detalles de los planes de protección de los bosques, resultados y problemáticas que hay en territorio, pero no hubo respuesta.

Otra iniciativa de conservación está situada en el Chocó Andino, en Pichincha, a unas tres horas de Quito. Ahí se encuentra la Reserva Mashpi, donde funciona Mashpi Lodge. Se trata de una inversión privada de hotelería que fomenta el turismo ecológico y a su vez intenta proteger unas 2.500 hectáreas de bosque tropical.

Hotel Mashpi Lodge, en el Chocó Andino, Pichincha. Cortesía.

“Tenemos uno de los proyectos con una ONG extranjera, que se llama Rainforest Connection, que se encarga de instalar unos guardianes del bosque y estos son unos equipos bien sencillos de comunicación, celulares antiguos que al parecer ya no nos sirven, pero que todavía pueden captar sonidos del bosque. Están adaptados a una batería solar y pueden captar ruidos. Con esos ruidos que suceden en el bosque se puede detectar si hay una incursión, por ejemplo, el uso de motosierra que va a generar un ruido muy diferente al de las ranas del bosque y a las aves y a los monos”, detalla Francisco Dousdebes, gerente de Responsabilidad Corporativa y Sostenibilidad de Metropolitan Touring, quien realiza la vocería de Mashpi Lodge.

Con estos dispositivos, por ejemplo, se detectó una incursión extractivista en el extremo suroeste de la reserva hace un mes.

Además del servicio de hotelería y turismo, esta empresa cuenta con un Departamento de Investigación y Conservación que ha cuantificado las especies de flora y fauna de esta reserva: aproximadamente 56 especies de mamíferos, 418 tipos de aves, 45 ejemplares de anfibios, 67 especies de reptiles, 336 tipos de insectos, 23 ejemplares de peces; 63 variantes de orquídea, 13 especies de palmeras, 132 tipos de plantas angiospermas, 101 especies de plantas leñosas, 16 tipos de líquenes y más de 150 especies de briófitas.

Rana de torrente de Mashpi (Hyloscirtus mashpi). Cortesía.

“Este lugar único en el mundo además es cuna de ciencia, ya que se han descubierto nuevas especies, conociéndose por primera vez en 2015 a la Hyloscirtus mashpi, una rana endémica de la zona, asimismo en 2016 se descubrió la Magnolia mashpi, un tipo de flor única de la reserva; en 2018 se reconocieron dos nuevos tipos de insectos acuáticos conocidos como Chimarrhodella choco y Wormaldia Imbriallis; por último, en 2019 se encontró la Lenpanthes mashpica, nombre científico de una nueva especie de orquídea”, destaca.

Gobiernos descentralizados también impulsan reservas

Los bosques al ser declarados reservas ecológicas gozan de una protección legal, que en la práctica debe de materializarse con recursos y planes de manejo pese a que los riesgos siempre son permanentes. Por ello, varios gobiernos descentralizados trabajan en la creación de áreas protegidas, como Paute, en Azuay, con la Reserva Municipal de la Microcuenca del Río Magdalena.

“En la microcuenca tenemos la deforestación, que es la principal destrucción de los bosques nativos de los Andes. El uso que le dan a la madera es para sacar el carbón. También tenemos el avance de la frontera agrícola, que va ligado con los incendios forestales. Propietarios de terrenos que están dentro del área de interés hídrico municipal, para incrementar su área cultivada, van quemando poco a poco los bosques nativos”, según Mauro Llivigañay, técnico de la Unidad de Gestión Ambiental del Municipio de Paute.

El paso de un puma quedó captado en uno de los videos de una cámara trampa, en Paute, Azuay. Cortesía.

Esos bosques y el resto de espacios verdes son hábitat de un sinnúmero de animales, como el imponente puma (Puma concolor), en peligro de extinción, por eso apremia su creación en 221 hectáreas. Actualmente se desarrolla una consultoría in situ para recabar la información de biodiversidad.

“Se analizan las principales características biofísicas del territorio, las características socioeconómicas, los actores sociales, los mecanismos y formas de gestión administrativa del área. Abarca adicionalmente un análisis de ingresos y egresos por la gestión del sistema de agua, un análisis de amenazas, problemas y oportunidades relacionados a los objetos de conservación”, detalla el alcalde Raúl Delgado.

En la reserva se prevé construir un refugio donde los visitantes puedan aprender sobre la riqueza natural de la zona y la importancia del cuidado de las fuentes hídricas.

Cascada ubicada en el área que tendrá es estatus de reserva, en Paute. Cortesía.

Ante todos estos riesgos, conservacionistas esperan que el próximo gobierno mejore los controles en las más de 50 áreas protegidas del país. (I)