No dudo en lo más mínimo sobre las buenas intenciones de quienes proponen la Ley Fintech Ecuador; lo cierto al caso es que, si me disculpan la franqueza, el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones.

Sucede que soy una persona de edad madura y que tristemente ha visto que Ecuador no ha despegado ni un milímetro hacia el desarrollo desde 2000; más bien, tiene una brecha gigante con otros países de la región, que en años cronológicos son al menos veinte, esto implica que su equivalencia en términos de tecnología es de eras geológicas.

No se trata de disponer de conectividad o alta penetración de uso de smartphones, o de tener WhatsApp, Netflix o Spotify; no, se trata de entender cómo usar y explotar internet para hacer negocios, así sea para vender bolones con chicharrón, ropa fina o autos de alta gama.

Y es, justamente, por ahí donde hay que empezar: por la masificación del conocimiento de internet para negocios, pues el ecosistema online no es fácil de entender, ni rápido de aplicar, ni barato para invertir. ¡Y eso que no entramos al mundo Blockchain-cripto!

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Ecuador necesita implementar un programa donde al menos diez millones de personas comiencen a estudiar cómo vender por internet, de todo ese universo solo un remanente quedará cien por cien capacitado y listo para negociar online, y será el que cambie al país.

Hagamos números:

Si solo 100.000 usuarios entrenados anualmente facturan $ 100.000, o sea, $ 8.000 mensuales, pueden generar al año $1 billón (un millón de millones de dólares) adicional al PIB, solo hablando de cien mil; si se establece como política de Estado la necesidad de generar negocios a través de internet, y se aumenta la masa de involucrados en igual proporción, en cinco años tendremos 1,5 millones de personas haciendo negocios online, con una generación de negocios no menor a $ 15 billones.

Con todos esos recursos estaríamos tocando las puertas del desarrollo…

Contaré una experiencia: hace pocos años, en una de las administraciones anteriores de la Prefectura del Guayas, aceptaron mi propuesta para masificar el conocimiento de negocios online en Guayas. El objetivo del piloto fue inscribir 1.500 personas; finalmente el número de registros fue 19.100, casi trece veces más.

Ciertamente, todo un éxito, pues fue la primera vez en la historia de América Latina en la que una organización pública se involucraba en promover dicha clase de conocimiento y habilidades con alta eficiencia.

Los resultados fueron abrumadoramente positivos, lo que refleja el deseo de la población de capacitarse, y la veracidad y certeza de mis aseveraciones. Los beneficiarios que terminaron el programa quedaron altamente satisfechos.

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Sintetizando lo anterior: para calibrar a Ecuador en la nueva realidad, primero necesitamos políticas de Estado que duren cinco años mínimo y se enfoquen en masificar el conocimiento para negocios online.

En segundo lugar, debe crearse un ambiente impositivo llano y fácil de implementar, es decir, las retenciones en la fuente deben desaparecer en la Era 4.0, pues activarlas en este escenario equivale a poner vigilantes acostados en una pista de Fórmula Uno.

Las retenciones nacieron para un escenario donde se las necesitó; hoy no, pues en una era donde la información está cruzada y disponible en tiempo real, no se requiere de retenciones.

Una vez que se establezca la educación masiva en temas de negocios online y se allane el camino eliminando retenciones, entonces podríamos estar hablando de crear el ambiente propicio para entrar a la Era 4.0; antes no.

Hay que dejar que la economía absorba los cambios, prospere, crezca y, luego de eso, regular; no lo contrario.

Si se piensan reglamentar cosas para las que no estamos preparados, existen otros países que ofrecen mejores alternativas en seguridad jurídica, costos y estabilidad política, de modo que todo es cuestión de apagar el switch de Ecuador y encenderlo en Panamá, El Salvador, Chile, Suiza, Inglaterra, Estonia o Alemania. Así de sencillo.

Se trata de remar en la misma dirección, en la del progreso. Y como dijo Julio César antes de cruzar el Rubicón: “La suerte está echada”; lo mismo aplica hoy para Ecuador y sus líderes. (O)