La típica mujer del siglo XXI no se parece a su madre. Nació y creció identificada con la tecnología de punta, abandonó el papel doméstico tradicional y se lanzó al mundo, a competir por un espacio que progresivamente lo fue sintiendo suyo, cada vez con más derecho. Por supuesto que tuvo que prepararse, y en ese campo no ha bajado la guardia: sabe que su puesto tiene que ganárselo día a día.

El mundo no está totalmente preparado para su ubicación y aceptación como líder en su emprendimiento o profesión. Entre los más sorprendidos puede estar el marido, no por negarle su merecido espacio sino por no poder comprender la rapidez de su desarrollo y su potencial para seguir avanzando.

Es que a diferencia de un hombre, que por lo general al llegar a su zona de confort económico se afianza en su nicho y lo refuerza para proteger su seguridad y la de sus dependientes, una mujer emprendedora tiende a explorar más abiertamente las posibilidades que su nueva realidad le presenta (en la situación ideal, sabiendo que sus espaldas siguen siendo cubiertas por la productividad de su marido).

El protagonismo de la mujer en el mundo laboral ejecutivo recibió una inmensa influencia por parte de la pandemia y su grave efecto sobre la economía. Se produjo el escenario apropiado para motivar a muchas mujeres a “pensar fuera de la caja” y estimular su creatividad y competitividad. Estas condiciones, más el inteligente uso de la tecnología y las redes sociales, han producido a una mujer segura de sí misma, segura de su ubicación en el mundo de los negocios, de las profesiones, de la política, sin que entren en riesgo sus otras obligaciones.

En este campo, el del matrimonio y la familia, se requiere de mucha inteligencia, sobre todo de inteligencia emocional, de parte de ambos actores. La mujer exitosa debe limitar su competitividad al mundo laboral, compartir los logros con su marido, apoyar en lo económico sin hablar mucho del tema (muchos hombres tienen un ego sensible en este aspecto). El marido no debe tomar el éxito de su esposa como una amenaza a su “hombría”, o sentir envidia, o temor al futuro del matrimonio. Más bien debe apoyarla y ver con buenos ojos la oportunidad de vivir mejor. (O)