El llamado “vampiro eléctrico” es una realidad silenciosa en los hogares y oficinas.

Aunque muchos dispositivos parecen apagados, en realidad siguen consumiendo electricidad, como un motor que permanece encendido en ralentí.

Basta con mirar a tu alrededor, el pequeño foco rojo del televisor apagado, el reloj luminoso del microondas o el cargador que sigue tibio, aunque el celular ya no esté conectado.

Los equipos de entretenimiento, computadores, impresoras o electrodomésticos con pantallas digitales son los principales responsables, pues permanecen, aunque estén sin usar, activos las 24 horas, representando entre el siete por ciento y el once por ciento del consumo eléctrico doméstico, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE).

En Ecuador, donde el consumo eléctrico residencial oscila entre 130 kWh (kilovatio-hora) y 400 kWh mensuales, este fenómeno adquiere especial relevancia, más aún en un país que recientemente enfrentó apagones programados y una emergencia energética nacional.

En ese contexto, cada kilovatio desperdiciado en nuestros hogares por aparatos en modo de espera representa una carga innecesaria para un sistema eléctrico que requiere equilibrio, eficiencia y corresponsabilidad de toda la ciudadanía.

Según el Censo de Población y Vivienda 2022 del INEC (Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos), en Ecuador existen 5’188.827 hogares, y se estima que estos desperdician anualmente por vampiros eléctricos entre 566 millones y 2.740 millones de kilovatios hora de electricidad.

Este consumo innecesario genera entre 90.000 y 440.000 toneladas de CO₂-equivalente (dióxido de carbono equivalente).

Además del impacto ambiental, reducir el consumo vampiro representa también un alivio para la economía de los hogares ecuatorianos, ya que cada aparato desconectado se traduce en ahorros reales en la factura eléctrica mensual y en un uso más responsable de los recursos energéticos del país.

Los “vampiros eléctricos” elevan la demanda innecesariamente, dificultando optimización de la generación y transmisión.

Según el Departamento de Energía de los Estados Unidos (DOE, por sus siglas en inglés), usar regletas inteligentes o desconectar los equipos cuando no se están usando reduce de forma significativa el consumo vampiro.

Frente a este panorama, no solo se trata de una responsabilidad exclusiva del Gobierno nacional durante la emergencia eléctrica, en la que se incluyan acciones de mantenimiento o nuevas centrales. Combatir los “vampiros eléctricos” es, en definitiva, responsabilidad de todos los ciudadanos, que, con decisiones cotidianas, como desconectar los equipos que no están en uso y que apagan ese foco rojo que nunca duerme, pueden generar los ahorros que el Ecuador necesita.

El cambio empieza en casa y en las pequeñas acciones que suman. Tú, ¿qué vampiro eléctrico vas a desconectar? (O)