Cuando Nayib Bukele era candidato a la presidencia de El Salvador por un partido de derecha, escribió en sus redes sociales en enero de 2019: “Dictador es dictador. De ‘derecha’ o de ‘izquierda’”. Con esta afirmación, el candidato Bukele pretendía desmarcarse de jefes de Estado dictatoriales, como Nicolás Maduro (Venezuela), Daniel Ortega (Nicaragua) y Juan Orlando (Honduras). Sin embargo, los períodos presidenciales del salvadoreño –hasta ahora, más de seis años en el cargo– lo muestran como otro dictador más en una república que ya no funciona como tal, pues Bukele se ha apropiado indebidamente de todos los poderes.
Según el recuento de Óscar Martínez, en el libro Bukele, el rey desnudo (Barcelona, Alfaguara, 2026), para ser presidente por un segundo período, violó varios artículos de la Constitución, se tomó de manera ilegal el control de jueces y magistrados de la Corte Suprema de Justicia, y nombró fiscal general a un hombre que él maneja. “El Salvador no es un país gobernado por una administración ni por un Estado, sino por un hombre: Bukele”, dice Martínez, quien ha ejercido de forma valiente el periodismo al investigar los varios pactos que el político salvadoreño hizo con las pandillas para su beneficio electoral.
Desde 2015, cuando buscaba la alcaldía de la capital salvadoreña, pactó con los pandilleros. Volvió a hacerlo en 2019 para lograr la presidencia y en 2021 para tomarse el Poder Legislativo. Cuando esta alianza fracasó en 2022, para acabar con las pandillas, exigió que le den todo el poder para instaurar un régimen de excepción que les quitó varios derechos civiles a los ciudadanos. Según Martínez, El Salvador tiene la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, casi el doble de la de Cuba: uno de cada cincuenta y siete ciudadanos está preso. La lógica del mandatario salvadoreño es la de que quien no está conmigo está contra mí.
Al asumir los riesgos del periodismo de investigación, Martínez –ahora en el exilio– ha desnudado el lado oscuro de los políticos corruptos. En el libro Los migrantes que no importan (2010) retrata las peregrinaciones mortales de los salvadoreños en su ruta hacia los Estados Unidos, en la que más de un cuarto de millón de centroamericanos han arriesgado sus vidas y miles de ellos las han perdido. La migración es una huida del horror, la violencia, la pobreza y la desintegración social. Una historia de violencia: vivir y morir en Centroamérica (2016) muestra la sórdida vida en pueblos y barrios nicaragüenses, mexicanos, guatemaltecos y salvadoreños.
El Niño de Hollywood: ¿de qué está hecho un sicario de la Mara Salvatrucha? (2018) –escrita con su hermano Juan José Martínez– descubre cómo unos migrantes adictos al heavy metal, en Los Ángeles, terminaron formando la pandilla más conocida y temida del mundo. Los muertos y el periodista (2021) describe un asesinato brutal de tres hermanos salvadoreños, donde se juntan narcos, sicarios, policías corruptos, asesinos que andan libres y políticos infames. Aunque vivamos la absurda paradoja en la que Nayib Bukele goza de una gran popularidad, en verdad él es un presidente inconstitucional e ilegítimo: un dictador. (O)













