Hay deshumanización al no privilegiarse la vida y la salud de los seres humanos con medidas eficientes y oportunas en cuanto a la salud y otros espacios en seguridad de calidad de vida, o generalizando decisiones y acciones, en que para neutralizar supuestos riesgos se castiga a terceros, personas, familias y pueblos. Mientras más inocentes los “castigados”, más severo el castigo o represalia, por eso, en las redadas de migrantes se retiene a los hijos pequeños para que los padres se entreguen, y en los bombardeos los misiles son direccionados sobre hospitales y refugios.
Hay “ortodoxias” políticas y religiosas que deben superarse.
Seguro que hay que condenar a Hamás, movimiento de resistencia islámica, que el 7 de octubre del 2023 lanzó miles de cohetes contra Israel, desde varios puntos de Gaza, y llevó a cabo una incursión terrestre en Israel, matando a más de 1.200 personas y tomando 251 rehenes, la mayoría civiles israelíes. Unicef informa que por la represalia israelí, a más de la destrucción de Gaza, desde octubre de 2023, han muerto más de 20.000 niños, duplicando el número con heridos y lesionados, a más de otros miles de no combatientes ¿Será aceptable que el gobierno de la Autoridad Palestina, que no hay que confundirlo con Hamás, sea excluido de la reconstrucción de Gaza que el presidente Trump quiere entregar a una entidad creada en acuerdo con Israel?
Debe reconocerse que la Iglesia católica de nuestros tiempos no está al servicio de ortodoxia alguna, se ha pronunciado por la paz y el respeto, lo ha hecho sobre Palestina y Ucrania, también en cuanto a la represión contra migrantes en Estados Unidos, dando protección en sus templos.
En nuestra patria hemos tenido calidad humana y religiosa –varias veces he escrito como en los 90 en familia nos enriquecimos concurriendo a la capilla de San Pedro, para compartir oración y reflexiones con Pepe Gómez Izquierdo y Nelsa Curbelo.
El jueves 5 de febrero falleció monseñor Antonio Arregui, arzobispo emérito de Guayaquil, predecesor del actual arzobispo, cardenal Luis Cabrera. Lo conocí el 2003. Conversamos de múltiples temas, nada de rigideces ortodoxas, la base y el sustento de un acto de fe es la fe, no debe ser el solo formalismo, esto aplica para todos los sacramentos. Cuando el 15 de diciembre del 2025 se publicó mi columna “A mí me lo hicisteis...”, citando la parábola de Jesús, en Mateo 25, 31-46, sobre quienes serán condenados en el juicio final, porque a Él lo vieron hambriento, sediento, forastero reprimido, enfermo o en la cárcel, y no lo asistieron; y ante la pregunta: “Señor, ¿cuándo te vimos –así–?”. Él responderá: “En verdad os digo que cuanto lo dejasteis de hacer con uno de los más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo (…). ¿Jesús era un demagogo que exacerbaba el resentimiento social?, ¿o envió un mensaje para que persecución y humillación dejen de ser dominantes en la humanidad?”. Monseñor Arregui me escribió: “Bien puesto”, como en otras ocasiones. Si discrepaba, también me lo puntualizaba.
Excelente homilía de homenaje del cardenal Cabrera a Arregui, en las honras fúnebres, y de compromiso, seguro él respondería: “Bien puesto”. (O)