La visita oficial del presidente de la República, Daniel Noboa, a Japón marca un momento clave para la política comercial del Ecuador.

En un contexto internacional complejo, donde socios tradicionales como los Estados Unidos aplican aranceles a nivel mundial, ampliar las relaciones con Asia –y en especial con Japón– es una estrategia urgente y necesaria.

El banano ecuatoriano, producto insignia de nuestras exportaciones no petroleras, ha logrado consolidarse en un mercado tan exigente como el japonés.

Desde mediados de los años ochenta, exportadores ecuatorianos han trabajado para posicionar nuestra fruta en ese país, superando altos estándares sanitarios y cumpliendo con requisitos de calidad, trazabilidad y sostenibilidad.

Este esfuerzo sostenido ha construido una reputación sólida en Asia, donde se reconoce al banano ecuatoriano por su sabor, su consistencia y su confiabilidad.

Los datos confirman esta relación creciente.

En el año 2024, según cifras de la Asociación de Exportadores de Banano del Ecuador (AEBE), se enviaron 5,69 millones de cajas de este fruto a Japón, cada una de 18,14 kilos.

Esto representó el 24,57 % del total de nuestras exportaciones a Asia y significó un crecimiento del 7,72 % frente al año anterior.

En el primer semestre de 2025, el ritmo continúa: se han exportado 3,17 millones de cajas, un 4,55 % más que en el mismo periodo de 2024. Japón se mantiene como el segundo destino asiático para nuestro banano, con una participación del 25,42 %, detrás de China (54,78 %).

Pero aún existen retos importantes.

El banano ecuatoriano enfrenta un arancel del 20 % en el primer semestre del año y del 10 % en el segundo. Esta barrera limita el potencial de crecimiento en un mercado dispuesto a pagar más por productos de calidad.

Reducir esta carga debe ser una de las prioridades de los acercamientos comerciales de las autoridades ecuatorianas con sus contrapartes japonesas.

Mejorar las condiciones de acceso permitiría ampliar la presencia ecuatoriana en Japón, fortalecer la logística y generar mayores beneficios para el país.

En ese camino, la reciente visita de la canciller ecuatoriana, Gabriela Sommerfeld, a Japón el mes pasado fue un paso relevante. Mantuvo reuniones con ministros, empresarios y organismos de cooperación, obteniendo respaldo para avanzar en la negociación de un Acuerdo de Asociación Económica (EPA).

Este acuerdo no solo beneficiaría al banano, sino a todo el sector exportador no petrolero, que en el primer semestre de 2025 creció 10,4 %, alcanzando un récord histórico.

Cada caja de banano que llega a Japón representa ingresos para miles de familias rurales del país, empleo digno y divisas que sostienen la economía nacional.

Apostar por este mercado con visión de largo plazo es apostar por un Ecuador que produce con calidad, cumple estándares y se posiciona con fuerza en los mercados más exigentes del mundo. (O)