La mayoría de las organizaciones políticas, necesarias para fortalecer un sistema democrático, se ha prostituido y funciona solo para participar en elecciones y consecuentemente elaborar las listas de candidatos y negociar los puestos. Quieren una función pública para pasar a mejor vida en poco tiempo y son mal ejemplo para las nuevas generaciones.
Igual que poner cualquier negocio, que resulta sacrificado y que a veces se gana y se pierde, la incursión en política resulta productiva para los actores y muchos han usufructuado de ella, aunque no hayan servido al país; al contrario, se han servido de él.
Hace 19 años, cuando llegó el gobierno novelero de la RC, se hizo una campaña feroz para liquidar a las organizaciones políticas existentes, a las que había tildado despectivamente de la partidocracia que, por cierto, hay que reconocer, se habían deteriorado y cometido reiterados errores. Sin embargo, hay que reconocer que son fundamentales en un sistema democrático, los canales y desfogues de la participación política. Posteriormente en esa administración se aprobó el Código de la Democracia-Ley Electoral, que distorsionó la práctica política y abrió el camino para la proliferación de los movimientos.
A tal punto ha llegado la proliferación, que no se ha podido corregir, y que, según los registros oficiales del CNE, el año pasado llegaron a 233 organizaciones políticas: 17 nacionales, 63 provinciales, 138 cantonales, 15 parroquiales. En lugar de que el sistema permita una depuración, al contrario, la lista de los movimientos políticos crece y actualmente están en proceso de reconocimiento 53 nuevas organizaciones: 32 nacionales, 12 provinciales y 9 cantonales.
A tal punto ha llegado esta prostitución política que subsisten movimientos con menos adherentes e incluso que han recibido menos votos en las urnas que los que constan en los registros de sus organizaciones. ¿Farsa o realidad?
Casi viven un caos organizado, pero en el momento de procesos electorales se activan y financian las campañas sin que sean rigurosamente controlados los montos, origen y destino, más aún cuando se ha denunciado la inyección de dineros calientes, presuntamente del narcotráfico y de la minería ilegal.
Producto de estas distorsiones se ha evidenciado en procesos electorales la proliferación de candidatos, que dispersa las votaciones y determina que lleguen a los cargos sin la debida legitimidad, con porcentajes bajos del 20-25 %, lo cual fue denunciado hace tiempo y poco o nada se ha hecho.
¿Dónde se quedaron los principios ideológicos y programáticos que debiera tener cada organización? ¿Dónde quedan los procesos de capacitación y de formación de nuevos liderazgos y de nuevos cuadros para entender los problemas nacionales y locales?
Con la desaparición o sanción a unas organizaciones y como vienen nuevas elecciones, corren a desafiliarse y a buscar urgentemente otra tienda política, no importa sus planes, propuestas o pensamiento político. Buscan candidaturas con cualquier camiseta, no importa lo que representen. ¿Cuándo se concreta la reforma política profunda que se demanda y que evaden los propios políticos y legisladores? (O)










