Pedro escucha el motor de una camioneta a diésel que entra despacio al parqueadero de una ciudadela. El hombre que labora como guardia independiente se pone en alerta. Divisa a tres individuos en el interior del carro. Deja su lugar de descanso para hacerse notar por los desconocidos. Toma con la mano su única arma: un silbato, que, de alguna manera, sirve para ahuyentar a malandros o avisar a los vecinos sobre intentos de robo de los carros del sector.

Son las 23:40 del miércoles 10 de noviembre. Un equipo periodístico recorre varias zonas de Guayaquil para registrar los testimonios de cuidadores de carros, quienes se exponen a los riesgos de la noche, en una ciudad convulsionada por la actividad del crimen organizado y la delincuencia común.

“Se me hizo raro ver la camioneta. Cuando veo un carro desconocido, me pongo pilas, porque así vienen a sondear los pillos por acá. Entre la 01:00 y 6:00 pasan carros sin placas y con dos o tres personas sospechosas. Primero pasa un auto y después de unas horas pasa otro, que parecería son de la misma banda, pero como me ven aquí se van a otros parqueaderos”, cuenta con cierto recelo Pedro, de 54 años, quien lleva unos diez años cuidando más de veinte vehículos en Sauces 6, sector que pertenece al distrito policial Modelo, una de las zonas con más incidencia de reportes de emergencia de robo de carros en la ciudad.

Publicidad

La jornada de un guardia inicia a las 19:00 y termina a las 07:00 del día siguiente. Foto: José Beltrán. Foto: José Beltrán

En octubre pasado, el Sistema Integrado de Seguridad ECU-911 receptó 126 reportes de robo de carros entre los diez distritos de la urbe: 34 correspondientes a la jurisdicción Modelo; 21, Pascuales; 19, Sur; 17, Florida; 11, Esteros; 9, Nueva Prosperina; 7, 9 de Octubre; 5, Portete; 3, Ceibos; y ningún reporte de Progreso.

La incidencia de los reportes de octubre experimentó un ligero aumento en comparación con los eventos registrados en junio, cuando hubo 123 llamadas para alertar ese tipo robo. En julio, en cambio, se registraron 136 llamadas; y, en agosto, se receptaron 132. Mientras que en septiembre, la plataforma de auxilio atendió 120 contactos.

Los peligros para los cuidacarros siempre están presentes. Eso preocupa a la esposa y siete hijos de Pedro, quienes se quedan inquietos cuando él parte de Yaguachi a Guayaquil para cumplir con su trabajo. Mientras cuenta su historia, en particular cuando le apuntaron con una pistola a la cabeza, Pedro sigue con su mirada la figura de un joven de brazos delgados y ropa holgada que surge de entre los carros. El sujeto se mueve como si caminara dormido.

Publicidad

“Es hachero. Por la madrugada también pasan ladrones con cosas que se vienen llevando de casas o de los bloques”, así llama Pedro a las casas colectivas que años atrás se convirtieron en campo de batalla para las pandillas.

Los seis tipos de robos más frecuentes en Guayaquil

Hace unas semanas, un ladrón le dijo “eres cuidacarros o sapo”, pues el hombre ya ha evitado el robo a vecinos. Estos roces aumentan su deseo por cambiar de oficio, aunque lamenta que a su edad el sistema le cierre las puertas.

Publicidad

Pedro debe volver a su ronda. La camioneta que lo alarmó se aleja; es la que traslada al equipo de este Diario y que continúa su recorrido. Ya es de madrugada, y en la ruta que conecta a los Sauces con varias etapas de la Alborada y calles de Urdesa se observa, en este último sector, una camioneta y cuatro motorizados encapuchados de la Policía Nacional.

El frío invade el ambiente. Los cuidadores de carros que están en el trayecto al centro de Guayaquil ya tienen su abrigo, chompa y pasamontañas encima. Algunos trabajan solos. Caminan de un extremo a otro de la calle o cuadra que apartaron para ganarse unos dólares, aunque su deseo sea cubrir todas sus necesidades y el pago de un seguro médico y afiliación a la seguridad social, comentan.

Otros, en cambio, trabajan de forma cooperativa. Son las 02:00 del jueves 11 de noviembre. En el perímetro que forman cuatro calles del centro-sur de Guayaquil se percibe una aparente tranquilidad, aunque desde lugares cercanos se escuchan sirenas policiales. Hay una docena de personas que cuidan más de 40 automotores.

El equipo periodístico se acerca a cuatro cuidadores. Jorge, Luis y Miguel saludan. El cuarto integrante mantiene la vista fija hacia la otra vereda, como si hubiese detectado alguna novedad. No parpadea y se muestra más frío que el resto. No es de carne y hueso. ¡Es un maniquí! Ataviado con un poncho de lluvia, engaña a casi todos los conductores.

Publicidad

En el centro-sur de Guayaquil una docena de guardias se aseguran que no se lleven los carros del sector. Foto: José Beltrán. Foto: El Universo

“Somos muchos guardias aquí, por eso esto es tranquilo. Los muñecos nos hacen compañía”, dice Luis, quien ubica al maniquí todos los días junto a un carro y un año viejo en el portal de su casa, cerca de ahí. Él lleva más de cinco años en el oficio de cuidar vehículos. Ellos están de acuerdo con que se fotografíe a esas figuras, pues insisten en que la seguridad de la zona radica en el numeroso grupo humano que integran.

El conductor del equipo periodístico recuerda haber visto, hace un tiempo, un año viejo del personaje infantil Barney, con chompa y gorro, en ese sector. Luis cuenta que unos tipos le dispararon durante una fiesta y quedó inservible.

“Esto es riesgoso. Por aquí vemos cómo pasan en moto disparando al aire, y han dejado botadas a víctimas de secuestro exprés”, cuenta el hombre de 60 años, quien pierde por un rato la atención cuando pasa a gran velocidad una moto de fabricación china en la que se transportan dos personas.

Luis retoma el diálogo y destaca que lo recaudado en el día y en la noche se reparte entre los cuidadores, quienes al igual que Pedro —el guardián de Sauces 6— quisieran tener otra actividad laboral que no los consuma, porque las “malas noches” a las que aparentemente se han acostumbrado les han pasado factura en su vitalidad.

La semana en que mataron a niño en heladería hubo reportes de persona armada, cinco robos a ciudadanos, tres robos de carro, un herido de bala, en circuito Centenario

La madrugada avanza. Sin embargo, en el sur de la ciudad, en los Guasmos, es notorio el paso de vehículos sospechosos, que tienen vidrios polarizados. En una calle principal del Guasmo Sur, Freddy cuida dos hileras de carros. “Por aquí pasan esos autos, pero uno solo ve, como no es con nosotros... Los fines de semana esto es caliente más que todo”, dice el hombre, de 55 años, al referirse a la presencia del crimen organizado y a la pugna entre bandas por las zonas para traficar droga: “Apenas escuchamos disparos nos escondemos en los carros”.

Guayaquil, 10 de Noviembre del 2021 Actividad de guardias de seguridad en varios sectores de Guayaquil; Floresta Uno. Foto: José Beltrán Foto: El Universo

A ese estrés constante Freddy suma la carga laboral que posee en estas semanas, ya que ha tenido que doblar turnos ante la ausencia de su compañero, a quien le amputaron una pierna por la diabetes.

Marcia, su pareja, y un perro que no es suyo lo acompañan. El can se llama Pito y permanece en el parterre central de la calle principal. “No es mío. Aquí viene a acompañarme porque sabe que yo le doy un bocado”, comenta Freddy.

Las orejas del perro se mueven con cada ruido que se escucha en la madrugada.

Ni Freddy ni Pito se confían de las personas que caminan por ahí, porque podrían hacerse pasar como recicladores cuando lo que buscan son los retrovisores y las radios de los vehículos, o los mismos carros. Vecinos que se acercan nos cuentan que en la zona se llevan los autos parqueados y luego extorsionan a los dueños para devolverlos. (I)