Francisco Huerta Montalvo fue integrante de la Comisión de Transparencia y Verdad que investigó el ataque en el campamento de Angostura, Sucumbíos, ocurrido en el 2008, en el que murió el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionaria de Colombia (FARC), alias Raúl Reyes. Esta se creó por iniciativa del expresidente Rafael Correa, quien paradójicamente luego fue uno de los más críticos de sus conclusiones. En su informe, entregado tras un año de trabajo, más allá de recabar información y testimonios sobre la incursión del Ejército colombiano en territorio local para ejecutar a Reyes, la comisión señaló una serie de hechos conexos que les causaron preocupación. Huerta dijo entonces que Ecuador corría el riesgo de convertirse en una “narcodemocracia” porque detectaron que había cierta penetración del narcotráfico en las instituciones del Estado. Algo que para él, catorce años después, ya es una terrible realidad.

¿Qué descubrieron?

Al iniciar el trabajo vimos una fuerte penetración del narcotráfico en todos los estamentos de la sociedad. Nos enteramos, por ejemplo, de que en la base de Angostura funcionaba una especie de oficina del Registro Civil, donde se falsificaban cédulas para cualquier guerrillero que quería pasar por ecuatoriano y curarse las heridas al territorio nacional. Digamos que eso podría ser una estrategia de la guerrilla, que ya estaba vinculada con el narcotráfico, pero cuando nos enteramos también de oficiales de la Fuerza Aérea introduciendo droga en carros de las Fuerzas Armadas a recintos militares nos inquietamos más. Y cuando vimos que eso también ocurría en la Policía, todo esto se volvió más sospechoso. Entonces la invasión colombiana al campamento guerrillero pasó a un segundo plano. Yo dije que lo trascendente era que el país estaba en riesgo de convertirse en una narcodemocracia. Algunos de mis compañeros se molestaron con mi declaración, pero como no quieran ponerla en las conclusiones me tuve que anticipar.

Correa dijo que el informe lo había “desilusionado”.

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Y yo le dije que su gobierno nos había desilusionado. El país no tomó en serio lo que estaba pasando, decían que estaba exagerando, que quería protagonismo… Y mire, luego que se cerró el informe ocurrieron otras cosas que no han salido a luz. Me llamaron los hermanos Ostaiza (detenidos por narcotráfico) y me reclamaron que no le habíamos tomado versiones a ellos. Les dije nunca es tarde y si quieren los visito. Yo creo que ellos negociaron no contarme lo que sabían para tener algún beneficio, y cuando llegué a la cárcel dijeron que ya no. Pero me quedé conversando, sacaron trago, narcocorridos, y de repente ya estaban diciendo que este es un tal por cual y que nosotros conseguimos que el Mono Jojoy rectifique la declaración. ¿A qué se refería? En el informe de Angostura consta un video en el que él admitía que le había dado plata al ‘compañero Correa’, pero luego lo había desmentido, aparentemente, por pedido de los Ostaiza. Hoy vemos que esto está por todos lados, porque lo que más tienen es plata; entonces en una próxima campaña, si no hay control, van a elegir a todos los alcaldes que quieran y tendrán todos los habeas corpus que quieran… Han penetrado las Fuerzas Armadas, la Policía, los partidos y hasta las asociaciones deportivas, todo lo que tenga algún significado tiene detrás a alguien relacionado con el narcotráfico.

Dice usted que el país no tomó conciencia. ¿Qué debió hacerse?

Primero montar, como se montó después, un batallón en la zona de frontera. Si hubiésemos tomado las medidas del caso no habría habido implantación guerrillera a lo largo de toda la frontera ecuatoriana; y luego desarrollar las acciones de inteligencia que no hubo, la inteligencia pasó a ser un cargo político más, y se perdió toda información de lo que estaba pasando en la sociedad colombiana y en la nuestra. Además, yo sostengo que hay una alianza político-delincuencial regional, o sea que no fue negligencia solamente.

ANGOSTURA, Sucumbíos. El campamento de Raúl Reyes fue atacado por el Ejército colombiano el 1 de marzo de 2008. Foto de Archivo

¿Esta alianza habría surgido en el gobierno de Correa? ¿Cómo funcionaba?

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Hubo financiamiento para la campaña y tolerancia después. Nunca se les quiso llamar guerrilla ni calificar de terroristas a las FARC, sino que se las consideraba una “fuerza rebelde” que peleaba por sus derechos en Colombia… Las izquierdas buscaron tener fuentes de financiamiento. Lula lo hizo por la vía de Odebrecht… Pero en Ecuador buscaron recursos de donde sea, pues hoy en día una de las primeras obligaciones del candidato es conseguir dinero; e hicieron una gran alianza regional político-delincuencial que dejó abiertos los cielos del país.

¿Qué hechos concretos demostrarían esta alianza?

Los radares chinos que estuvieron largo tiempo sin funcionar…

¿La salida de la base de Manta quizás?

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Ese fue un compromiso de campaña.

¿Con el pueblo o los supuestos financistas?

Con todos. Yo voy a cumplir con eso y ustedes van a tener el territorio libre. Sin radares y sin Base de Manta… No lo puedo probar, pero los hechos están demostrando que aquí el narcotráfico penetró con bendición oficial. Dentro de esta alianza continental usted puede notar, además, que en todos los movimientos de última data hay presencia de grupos extremadamente violentos, entrenados para hacer de la manifestación un acto peligroso para la estabilidad democrática. ¿Pero quién está entrenando a estos ciudadanos? El financiamiento puede ser del narcotráfico, pero ya en Colombia descubrieron que detrás de sus protestas hubo agentes rusos, y ya se va llegando a un nivel geopolítico planetario. Hay una gran conspiración para destruir las pocas islas democráticas que van quedando en el continente.

¿Y en Ecuador quiénes son parte de esa “conspiración”?

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La Revolución Ciudadana. Ellos tienen los vínculos con Venezuela, Nicaragua, Rusia. El expresidente Correa trabajó con la agencia rusa de noticias y la actitud de Vladimir Putin con Ucrania revela hasta dónde son capaces de llegar.

¿Los correístas están detrás de la ola de violencia que vivimos en el país?

No solo ellos, pero ellos también.

Pero Correa ya no gobierna. ¿Entonces cómo es que sigue funcionando esta alianza de la que usted habla? ¿Lenín Moreno y Guillermo Lasso no han podido o no han querido terminar con ella?

Es que no ha dependido de ellos. Lo que debieron hacer es vigilarla de cerca, conocer qué es lo que pretende, y neutralizarla. Pero parece que no tomaron en serio eso o la inteligencia también está infiltrada. Por supuesto, aquí todo se niega, como dicen en algunas regiones del país, “negar es padre y madre”. Aunque los hechos evidencian que hay algo detrás de todo esto. ¿Por qué la manera de hacer las manifestaciones era tan parecidas, los mismos escudos, lanzacohetes, la misma violencia? Y la misma violencia del narcotráfico diciendo ‘Nosotros somos más que ustedes, las cárceles las manejamos nosotros, las calles también, ¿quieren verlo? Ya les dejamos colgados unos cadáveres en el puente, o les ponemos un coche bomba y les ametrallamos un cuartel de policía para que vean hasta dónde podemos llegar’.

¿Qué opciones tiene el Gobierno frente a esta fuerte penetración del narcotráfico?

Tiene dos alternativas: o lucha contra ellos o pacta con ellos como se ha visto en otros países… De momento él está diciendo que va a luchar, pero no sé con qué. Colombia pudo hacerlo bien con gran apoyo de Estados Unidos, con bases militares en territorio y refuerzo de efectivos, agentes especializados, armas, etcétera… si no tenemos esos elementos será muy difícil. Y entre luchar y mirar para otro lado, hay una alternativa muy riesgosa, que es descriminalizar el consumo como están haciendo otros países. Como Uruguay con el caso de la marihuana, en que el Estado se hace cargo de proveer a los adictos de sus dosis, y así se acaba el negocio. Pero el régimen también debería impulsar una gran alianza nacional contra el narcotráfico.

¿Cómo?

En ese momento de la República, sin despreciar a los partidos, pues yo he fundado algunos, es la hora de los ciudadanos, los partidos han fallado, no representan intereses nacionales sino particulares, se convirtieron en clubes electorales al servicio del dueño del partido, y no de los ciudadanos. La intermediación entre el Gobierno y la ciudadanía debe ser desde la propia organización ciudadana, pero hay que construirla, siempre insisto en que no tenemos ciudadanos sino habitantes con cédula que es otra cosa…

¿Y qué puede hacer la ciudadanía en esta lucha?

Organizarse, tener cuidado con los hijos, interesarse por lo que le pasa al otro. Hoy hay un individualismo escandaloso; a un sector de la juventud solo le interesa hacer plata porque es sinónimo de éxito, y otro sector no se interesa por nada o está banalizada, pero hay otros que no conocemos y que sí están pendientes del país, que tienen desencanto por lo que ha pasado en la política y no quieren entrar en ella, pero podrían ser un conglomerado fuerte.

¿Cómo ve las acciones que ha desarrollado hasta ahora el régimen? (esta entrevista se realizó un día antes de que se decrete el estado de excepción en Guayas, Manabí y Esmeraldas)

Hemos tenido un Gobierno que esperanzó más de lo que realizó. Que nos dijo que tenía las fórmulas para resolver en 10 minutos todos los problemas del país, pero que parece que no había tomado conciencia de lo que se hacía cargo, que no le dieron las cifras reales de la magnitud de la deuda y los compromisos del país, y que no sabía que poner la casa en orden le iba a traer muchos problemas. Porque si él hubiese dejado la hegemonía de los grupos delincuenciales en las cárceles, aquellas estarían tranquilas, pero cuando comenzó a poner presencia del Estado vino la reacción. Si quiere hacer esto a escala nacional, habrá una reacción mayor. Lo importante ahora sería determinar hasta dónde ha llegado la penetración de los organismos claves como las Fuerzas Armadas, Policía, partidos, empresas.

Durán, Guayas, jueves 28 de abril del 2022. Como parte de la estrategia de seguridad, las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional realizaron un recorrido antidelicuencial en el cerro de las Cabras. Foto César Muñoz/API Foto: API

¿Cómo depurar los organismos que están tomados ya por el narcotráfico?

En Colombia, el que consideraba como el mayor policía del mundo, sacó a 6.000 elementos de la institución, pero luego todo volvió a lo mismo porque es inconmensurable el poder económico que tienen y es inconmensurable la ambición humana. Creo que hay que hacer un esfuerzo por volver a darle valores a la sociedad ecuatoriana, no exista solo en ansia de tener dinero. El dinero fácil es el de la droga.

¿Hay relación entre los habeas corpus para políticos y criminales con este esquema criminal?

Podría ser, la corrupción judicial es un grave problema vinculado al narcotráfico y a otras circunstancias. Tenemos que darnos un baño de verdad en el país para tener certezas de lo que está pasando. ¿Fueron los habeas corpus producto de un pacto, de la estupidez o de la compra de jueces? Tenemos que saberlo.

Si no se ataca este problema, ¿difícilmente habrá estabilidad económica y política?

Deberíamos hacer una tregua política para enfrentar esta nueva pandemia del narcotráfico. Aquí me gusta citar al político colombiano asesinado Jorge Eliécer Gaitán que hablaba del país político y el país nacional que van por cuerdas separadas. ¿Qué es lo que ha estado haciendo la Asamblea en estos meses? Discutiendo si sacan o no a la señora (Guadalupe) Llori, y mientras tanto no ha legislado, no ha cumplido con sus tareas. Entonces el país político va por un lado y el país nacional del desempleo, de la falta de salud, por otro. Debería hacerse una tregua política para unificar al país en la lucha contra el narcotráfico. La otra opción es hacerse el bobo, pero esto a la larga puede ser riesgoso para la economía porque si siguen llegando contenedores de banano contaminados con droga a Europa ya no nos van a comprar nada. (I)