Magnicidios, terremotos, corrupción, pobreza extrema, son algunos de los factores que hacen de Haití uno de los países con peores condiciones de vida y uno de los más difíciles de gobernar en el mundo.

Esta semana Costa Rica, Panamá y República Dominicana concretaron una alianza de diálogo y abogaron por soluciones para la situación de Haití que está causando una crisis migratoria en la región.

En los últimos años la región centroamericana, especialmente Costa Rica y Panamá, ha atendido oleadas de miles de migrantes, la mayoría haitianos, que buscan llegar hasta Estados Unidos.

En la actualidad, miles de haitianos se encuentran en las comunidades fronterizas de Colombia y Panamá, y otros miles ya cruzaron Centroamérica y están en la frontera entre México y Estados Unidos. Esta semana fuertes imágenes han recorrido el mundo con haitianos siendo detenidos por policías en caballo en la frontera del estado de Texas.

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Durante su periplo, estas personas arriesgan su vida en zonas selváticas peligrosas como el Darién, por donde ingresan a Panamá, y están propensos a sufrir violencia, robos y a pagar miles de dólares a traficantes de personas, recoge EFE.

El presidente de República Dominicana -que comparte la isla La Española con Haití-, Luis Abinader, fue enfático en la ONU al afirmar que la comunidad internacional “no debe ni puede” dejar abandonado al pueblo haitiano, porque esto significaría la autodestrucción de ese país, considerado el más deprimido de América.

Haití atraviesa una severa crisis en prácticamente todos los órdenes, agravada por el asesinato del presidente Jovenel Moïse el 7 de julio pasado y el terremoto en la zona sur del país que causó más de 2.000 muertes, más de 12.000 heridos y la destrucción de 130.000 viviendas.

Esteban Santos, analista de tema internacionales, dice que con pena se puede decir que Haití es un Estado fallido. “No puede determinar el uso monopólico de la fuerza, no controla fronteras, no puede entregar a su población servicios básicos, salud, comida, educación, en fin. Es un país que depende al 100 por ciento de la ayuda internacional, que en estos momentos es mucho más escasa”, comenta Santos, quien agrega que encima de esto un nuevo terremoto ha dejado en una situación más paupérrima la situación que se está viviendo.

Para él, el hecho de que se haya nombrado un nuevo primer ministro interino no cambia nada porque no tiene un reconocimiento de la población y sobre todo de las élites. “Si no es un tema consensuado, ese país se puede acercar cada vez más a un conflicto armado, a una guerra civil. (Es algo) que yo no lo veo tan descabellado. Creo más que nunca que la mejor muestra es ver la oleada migratoria que se está dando a Estados Unidos y otros países de gente desesperada que ve que no existe salida en ese país. Por ende, tiene que haber una mayor atención por parte de la comunidad internacional, pero claramente no existe porque hay otros temas de agenda... Los ojos del mundo están en otro lado y esto tiene un costo social muy elevado (para Haití)”, indica Santos.

Actualmente, los haitianos en la frontera entre México y Estados Unidos llegan principalmente desde Brasil y Chile, adonde habían emigrado tras el terremoto de 2010 que dejó unos 200.000 muertos en Haití.

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“Estamos desesperados porque mucha gente tiene el sueño de ir allá y ahora ellos están deportando a todos por igual”, dijo a la AFP Maximil Marcadieu, de 28 años, quien partió desde Chile el 21 de julio y arribó hace una semana a Ciudad Acuña.

Dos de cada tres de los cientos de haitianos deportados en los últimos días por Estados Unidos son mujeres o niños, incluidos varios recién nacidos que requieren asistencia inmediata, según Unicef.

La nueva oleada migratoria se desató luego de que Washington ampliara la vigencia del Estatuto de Protección Temporal (TPS) para todos los haitianos que estaban en Estados Unidos el pasado 29 de julio o antes.

Como ocurrió a finales de 2020 tras la elección de Biden, esta decisión provocó lo que algunos analistas denominan un “efecto llamada” que impulsó a miles de migrantes a emprender una carrera hacia la frontera con Estados Unidos.

En su publicación del diario El País, titulada ‘No abandonemos a Haití', María Noel Vaeza cuenta que tras el último terremoto en el país ha quedado una imagen desoladora, tomando en consideración que ha viajado allá los últimos 20 años y que se dedica menos del 1 % del PIB a salud o educación en ese país, que ha vivido entre terremotos (los peores los de 2010 y 2021), huracanes y permanentes crisis políticas.

El 60 % de su población ya vivía en pobreza antes de la pandemia.

Una enclenque salida política

A inicios de julio el presidente Jovenel Moïse fue asesinado en un operativo que dejó ver las deficiencias en seguridad que hasta el máximo líder del país tenía.

Acto seguido, la crisis política que ya estaba presente por los problemas entre el Ejecutivo y el Legislativo, que casi ya no funcionaba, además de violentas protestas y represión de las fuerzas de seguridad.

Además, las investigaciones y enfrentamientos continúan. En la primera quincena de septiembre el actual primer ministro, Ariel Henry, destituyó al fiscal Bel-Ford Claude, horas después de que este solicitara a un juez abrir una investigación al jefe de Gobierno en calidad de imputado por el asesinato de Moïse.

Las sospechas del fiscal hacia el primer ministro fueron suscitadas por dos conversaciones telefónicas que mantuvo Henry con uno de los principales sospechosos del magnicidio, Joseph Félix Badio, tres horas después de que sucediera el crimen, el pasado 7 de julio.

Algo que deja más dudas del futuro político de ese país, puesto que pocos días antes Henry había firmado un acuerdo con los principales partidos de oposición para formar un gobierno de unidad y una asamblea que redactara una nueva Constitución, antes de celebrar las elecciones, que se realizarían “a más tardar a finales de 2022, bajo el imperio de la nueva Constitución”, según figura en el texto del acuerdo.

Como parte de esto se piensa reforzar la figura del presidente y eliminar la figura del primer ministro, así como crear la de vicepresidente. El primer mandatario también podría nombrar a su gobierno sin la aprobación del Parlamento.

Sin embargo, aún se deberá ver si esto será posible y si no aparecen nuevos problemas en el camino, algo que continuaría empeorando la situación del país. (I)