Los resultados de la primera Encuesta Nacional de Desnutrición Infantil (ENDI) demuestran una reducción de las tasas de la aflicción en niños a nivel nacional. La prevalencia de desnutrición crónica infantil (DCI) bajó de 21,7 % a 17,35 % en menores de 5 años. Esto significa que Ecuador deja de ser el segundo peor país latinoamericano en este rubro, pues Honduras, Haití y Guatemala tienen mayor prevalencia de DCI.

Se considera que un niño presenta DCI cuando tiene un retardo de talla para su edad, según la Organización Mundial de la Salud. Como consecuencia puede tener problemas de aprendizaje y obesidad, además de posiblemente desarrollar enfermedades como hipertensión y diabetes durante la adultez.

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Lucha contra la desnutrición

La encuesta también evidencia que la prevalencia de la DCI en menores de 2 años ha bajado de 23,6 % en 2018 a 20,1 %.

Las provincias con mayor tasa en niños menores de 2 años son Chimborazo con 35,1 %, Bolívar con 30,3 %, Santa Elena con 29,8 %, Tungurahua con 29,4 % y Pastaza con 29,3 %.

Sin embargo, la ENDI también saca a relucir otras estadísticas preocupantes: el 36,7 % de menores de 5 años consumen agua con Escherichia coli, es decir, con materia fecal.

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Esta bacteria puede generar diarrea, la cual está vinculada con la inhabilidad de absorber nutrientes, y los niños que presentan diarrea de forma repetida durante sus primeros 3 años de vida son más propensos a desarrollar desnutrición.

Niños de todas las provincias consumen agua contaminada, pero la Amazonía rural es el territorio más afectado: casi el 75 % de sus niños beben agua contaminada con E. coli. Siete de cada 10 niños en Morona Santiago beben agua contaminada con esta bacteria dañina.

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María Elisa Herrera, docente de la carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad San Francisco de Quito, indica que los niños que ingieren líquido con E. coli sufren de problemas gastrointestinales, lo cual gatilla la DCI. “El consumo de agua contaminada es generalizado”, señala la experta.

La población indígena y los sectores rurales son los más afectados en cuanto a consumo de agua con materia fecal.

Niños indígenas sufren de tasas más altas de DCI

La estratificación estadística de la encuesta divide los resultados en niños menores de 2 años, menores de 5 e infantes de entre 2 y 5 años. Según los perfiles sociodemográficos expuestos por el estudio, los niños indígenas tienen la prevalencia más alta entre todas las etnias analizadas .

El 33,4 % de niños indígenas menores de 2 años, por ejemplo, sufre de DCI. Ninguno de los otros grupos étnicos (afroecuatorianos, montuvios, mestizos y blancos u otros) llegan al 20 %.

Los infantes indígenas, además, son los segundos más afectados por anemia detrás de los niños de la comunidad afroecuatoriana.

Según Herrera, la focalización de la encuesta y la estratificación estadística de la misma permiten que las autoridades tracen un plan para intervenir en las zonas, poblaciones y etnias del país donde la intervención del Estado es más urgente, como en la Sierra y Amazonía rural y las poblaciones afroecuatorianas e indígenas.

Otro aspecto contabilizado por la ENDI es el nivel de anemia en infantes del país. La anemia es la deficiencia de micronutrientes importantes para el funcionamiento y desarrollo saludable más prevalente en la población ecuatoriana.

El 57,9 % de niños de 6 meses a 5 años de edad en Esmeraldas padecen de esta deficiencia, a pesar de que esta provincia no figura entre las más altas en cuanto a niveles de DCI.

Esto, para Herrera, se podría deber a una dieta deficiente.

“No consumir alimentos no quiere decir que no puedas estar desnutrido, también tenemos desnutrición en personas con obesidad. La calidad de la dieta es lo que determina si hay o no una deficiencia”, expresa.

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Se debería determinar, añade, si la población esmeraldeña ha bajado el consumo de alimentos ricos en hierro, nutriente cuya deficiencia es la causa más común de anemia. Otra posibilidad es que esto se deba a parásitos intestinales producto de ingerir agua con bacterias.

De acuerdo a la misma encuesta, el 40,3 % de niños esmeraldeños ingieren agua con E.coli. Esmeraldas es la segunda provincia costera en este rubro, detrás de El Oro.

“Puede ser que en la población de Esmeraldas haya una contaminación bacteriana por el agua. A pesar de consumir una dieta variada, la parasitosis es tan grande en estos niños que no pueden absorber el hierro”.

Presencia de E.coli en agua para beber por provincia

ProvinciaPrevalencia (%)
Morona Santiago70,2
Orellana67,8
Zamora Chinchipe61,7
Napo58,8
Pastaza56,9
Bolívar52,3
Cañar44,5
El Oro40,4
Esmeraldas40,3
Sucumbíos36,9
Cotopaxi36,7
Los Ríos32,6
Loja31,6
Manabí31,1
Santo Domingo de los Tsáchilas27,2
Chimborazo23,9
Carchi22,7
Tungurahua19,0
Guayas16,4
Santa Elena14,2
Azuay12,7
Imbabura12,5
Pichincha2,6

¿La ENDI representa un panorama más claro sobre la desnutrición en el país?

Erwin Ronquillo, titular de la Secretaría Técnica Ecuador Crece sin Desnutrición Infantil, afirma que la reducción de las cifras significa que 20.000 niños a nivel nacional están libres de DCI.

Él atribuye esto en parte a la decisión del Gobierno actual de crear la secretaría con el fin de reducir los índices de desnutrición mediante la ejecución del Plan Intersectorial para la Prevención y Reducción de la Desnutrición Crónica Infantil.

El secretario espera que el periodo restante de la actual administración termine con $ 650 millones invertidos para la ejecución de la estrategia.

Se priorizaron 90 cantones a nivel nacional y 728 parroquias con base en su nivel de DCI, necesidades básicas insatisfechas y la cobertura de agua y saneamiento”, indicó Ronquillo sobre los sectores donde se remodelaron 588 centros de salud. “Adicionalmente se readecuarán 100 más que serán entregados al próximo gobierno”.

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Estas inversiones involucraron la contratación de más profesionales de la salud: 1.726 en total, incluyendo cerca de 1.000 enfermeras, más de 260 nutricionistas y médicos familiares. También se adquirieron equipos para medir talla, peso y hemoglobinómetros para medir niveles de anemia en niños.

Herrera, sin embargo, “no está segura” si se redujeron las cifras de DCI, pues la ENDI representa “la primera vez que contratan médicos y nutricionistas” para levantar datos, lo cual resultaría en mejor calidad de información recogida.

Esto a diferencia de encuestas de años pasados, en las cuales colaboraron elementos de la sociedad civil que fueron capacitados, pero no tienen la misma experticia comparados con profesionales de la salud.

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“Parte de esto lo atribuyo a haber manejado estos componentes de la encuesta de forma precisa. Pensar que redujimos la DCI por 3,5 % tras una pandemia de COVID-19...hay que cuestionarnos bastante”. (I)

Ronquillo enfatiza que el Instituto Nacional de Estadística y Censos actualizará la evolución de la DCI cada 6 meses desde la primera entrega del estudio. (I)