La producción del aceite de palma afecta de forma directa a la biodiversidad mundial, incluyendo 193 especies consideradas como amenazadas, según un informe de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) publicado en 2018. 

El impacto al medioambiente se concentra principalmente en los países asiáticos de Malasia e Indonesia, donde animales como los orangutanes están en peligro por la deforestación de sus hábitats. Y estos impactos podrían extenderse por los trópicos de África y América, anota el estudio. 

En 2016, en todo el mundo se utilizaron 18,7 millones de hectáreas (ha) de tierra para producir aceite de palma de forma  industrial, y en Ecuador, solo en 2014, se plantaron 24.503 ha. 

Sin embargo, el mismo informe asegura  que parar la producción de ese aceite u obligar a los consumidores a optar por otras alternativas crearía mayores problemas ambientales. 

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“La mitad de la población mundial utiliza aceite de palma en su comida, y si lo prohibimos o boicoteamos, lo más posible es que sea remplazado por otros aceites vegetales que requieren más tierra (como canola, maíz, soja o girasol). El aceite de palma está aquí para quedarse, así que necesitamos urgentemente acciones coordinadas para hacer más sostenible su producción”, dijo la representante  de UICN, Inger Andersen, al presentar  el estudio. 

El orangután hembra Hope es una de las víctimas de la deforestación por plantas de palma en Indonesia.  Foto tomada de The New York Times

En el país grupos ambientalistas han denunciado, varias veces, que el crecimiento del sector palmicultor ha diezmado ecosistemas nativos en provincias como Esmeraldas y Sucumbíos.

 La propia Asociación Nacional de Cultivadores de Palma Aceitera (Ancupa) reconoce que el sector  es el responsable del 3% de la deforestación local.

 Wilfredo Acosta, director ejecutivo de Ancupa, precisa que varios sectores  han contribuido a  la deforestación:  industrial, vivienda, carreteras, que son necesarios para mejorar el desarrollo del país. 

 En 2002, según Acosta, un decreto ministerial estableció un espacio que correspondía a bosques secundarios y terciarios en el sector de San Lorenzo, Esmeraldas, para sembrar palma. 

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 Ahí, agrega, ya se había hecho explotación de madera, ganado y  otros cultivos. Sí hubo agricultores que se salieron de los márgenes y el Ministerio del Ambiente (MAE) impuso sanciones: “En estos momentos en San Lorenzo no hay plantaciones fuera de ese marco”.

 En el Oriente, en cambio, relata que el Estado adjudicó 20.000 km²  para promover el desarrollo de un cultivo que genere trabajo en la zona que se estaba colonizando.

 Defiende los cultivos perennes porque dice que “al ser de largo plazo mantienen las condiciones del suelo, lo mejoran con el aporte continuo de materia orgánica”. La palma  renueva todos los años sus hojas y raíces,  agrega.

  Ancupa  toma distancia de la palma africana (Elaeis guineensis), que en el siglo pasado se sembraba en el país. Ahora se produce la híbrida, de madre americana, que tiene mayor adaptabilidad, según la organización,  y así pide que la llamen. Pero aún quedan remanentes de la primera variedad. 

 Habla de diferencias entre la americana y africana que se vincula a “daños ambientales, muerte de orangutanes en Malasia e Indonesia y explotación laboral”.

Esto es refutado por Nathalia Bonilla, integrante de Acción Ecológica: “Es muy diferente el discurso que trata de imponer la industria palmicultora y lo que sucede en la realidad... Hay impactos en los temas de agua, del suelo, deforestación, el no acceso a la justicia, la contaminación”.

Bonilla indica que en la Amazonía la palma ha causado “gran deforestación. Ocurrió en San Pablo, Shushufindi (Sucumbíos),  en el territorio de la nacionalidad secoya, donde se les aseguró que les comprarían la cosecha si sembraban, incluso se les ayudó a que consiguieran financiamiento. El MAE los multó (a los nativos) con casi 400.000 dólares por talar bosque nativo”.

Otro de sus cuestionamientos  es la contaminación de ríos  que ha generado este tipo de monocultivos en las comunidades de La Chiquita  y Guadualito, en Esmeraldas: “Allá los tanqueros deben entrar pasando un día porque no tienen agua limpia”. 

Pero Acosta señala que en la siembra de palma aceitera no se utilizan insecticidas, sino productos muy bajos en términos de toxicidad porque requiere de insectos para su polinización, sí herbicidas en poca cantidad.  

 El viceministro del Ministerio de Agricultura y Ganadería, Byron Flores,  sostiene que la palma no es nada agresiva con el suelo. “Claro, si es que tú la siembras y no la fertilizas, no la fumigas, ella  de algún lado tiene que sacar los nutrientes, del suelo”.

  El 5% de los bosques nativos del país se convirtió en cultivos de palma en el lustro 2009-2014, según el MAE.

“Los lugares  con mayor deforestación  son Esmeraldas, Orellana y Sucumbíos  y es donde están las palmicultoras”, dice Bonilla. (I)

 

(La palma americana) desde el punto de vista ecológico y genético es un material que se va a comportar mejor y que requiere menos intervención del hombre para producir”. Wilfredo Acosta, Ancupa.

¿Por qué insistimos en un modelo que fracasó en Ecuador? El mayor problema es que queremos seguir con los monocultivos, ya sea palma africana  o de la llamada palma americana”. Nathalia Bonilla, activista.