Para conocer la historia, la historiografía; para llenar sus vacíos, escuchar diálogos, completar perfiles, la literatura: esos son los caminos que se complementan y enriquecen.
Después de diez años de modorra, cuesta acostumbrarse a un ritmo que no deja tiempo para respirar. Cada semana hay denuncias y hechos que van destapando lo que estuvo herméticamente sellado.
Pensar, hablar y escribir son verbos inofensivos, en apariencia. Hablar ocupa el puesto estelar. ¡Quién no habla! El escribir es menos frecuente.

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