Si siempre ocupamos efectivo, ¿por qué ahora hay que usar una tarjeta, una aplicación o un código QR para viajar en transporte público? Es una pregunta válida que se hacen las y los quiteños después de la puesta en marcha el 1 de abril del Sistema Integrado de Recaudo (SIR) en Trolebús y Ecovía.

Aunque resulta práctico para las personas usuarias y sencillo de administrar para las agencias y empresas de transporte, el uso de efectivo supone una serie de problemas que no son compatibles con un proceso de modernización e integración del sistema del transporte público, que requiere de mecanismos robustos y transparentes para la administración de sus ingresos.

En este sentido, la introducción de modos de pago electrónicos y de una sola bolsa concentradora permite trazar el flujo del dinero proveniente del cobro de tarifa y así combatir el fraude y desvío de recursos que lamentablemente son comunes en sistemas basados en el efectivo. Asimismo, la validación electrónica de pagos genera valiosa información de patrones de viaje que puede ser ocupada para optimizar la operación de todo el sistema de transporte.

La transición a un sistema integrado de recaudo es parte de un esfuerzo mayor relacionado con la integración física y operacional de todos los servicios de una red de transporte público. Es un proceso largo y complejo no exento de dificultades, que va más allá de la instalación de una tecnología de pago, involucrando aspectos administrativos, operativos, legales y financieros. Dada su complejidad, es recomendable ir paso a paso para mitigar posibles fallas y favorecer una adopción fluida por parte de la ciudadanía. Así, por ejemplo, Nueva York tomó siete años para migrar de la tarjeta magnética MetroCard al sistema de tarjeta inteligente OMNY, cuyo uso comenzó en una sola línea de metro en 2019 para recién convertirse en el único modo de pago en toda la ciudad en 2026. Casos similares son los de Bogotá o Ciudad de México, que también optaron por una implementación progresiva de sus sistemas centralizados de recaudo. Allí la integración comenzó en la red troncal (sistema TransMilenio en Bogotá, Metro, tren ligero y red de BRT Metrobús en la Ciudad de México) para después incorporar a los servicios locales de manera escalonada. Por ello es que la decisión de la Alcaldía de Quito de iniciar el SIR en un número acotado de paradas y estaciones para después expandirlo a la totalidad de Trolebús y Ecovía resulta prudente, ya que permite detectar y corregir fallos propios de las primeras semanas de arranque sin afectar a toda la red, facilitando que la ciudadanía se familiarice con las nuevas modalidades de pago y recarga.

La transición al SIR es necesaria y sus beneficios son múltiples. La transparencia en el manejo de los recursos, sumada a la generación de información detallada sobre patrones de traslados, se podrá traducir en una red más eficiente y una mejor experiencia de viaje para todas las personas usuarias. Y eso es finalmente lo que busca todo proceso de integración del transporte. (O)

*Es consultor de PNUD en movilidad urbana. Fue subsecretario de Planeación en Ciudad de México.