Mario Godoy sigue presidiendo el Consejo de la Judicatura y ninguna autoridad siente vergüenza suficiente para rechazar y finalizar este sinsentido. El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), el miércoles pasado, una vez más, rechazó el cuestionamiento del coordinador de la veeduría, quien presentó un informe crítico de legalidad y legitimidad del proceso para la selección de nuevo fiscal general del Estado. Andrés Fantoni, presidente del CPCCS, descalificó el informe y, en nombre de la ciudadanía, avanzó en ese tan opaco concurso de selección.
Una ciudadanía que no acepta lo resuelto, por una simple razón, porque lo desconoce, qué puede saber la gente de un proceso enredado deliberadamente, no solo para imposibilitar una fácil comprensión de este, sino para ahuyentar a gente honesta que desee participar.
Quienes forman el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social serán recordados como aquellos servidores que aceptaron a un fotógrafo, quien seguramente es un experto en su oficio, como parte de la comisión de selección del fiscal general del Estado.
Considero que a quienes conforman el CPCCS se los recordará como a quienes nombraron presidenta de esa comisión a la participante que obtuvo menor calificación, Cinthia Jacho, quien tampoco cuenta con experiencia en el ejercicio profesional que le permita contar con criterios suficientes.
¿Con qué cara le van a explicar a la ciudadanía estas personas que David Eduardo Flores –según lo indicado por Sybel Martínez, activista en derechos humanos– es un sujeto contra quien pesa una orden de alejamiento como consecuencia de una denuncia en la que se le acusa de un supuesto maltrato a niños y adolescentes mientras ejercía el cargo de subsecretario de Protección Especial, es el vicepresidente de esa comisión para elegir al nuevo fiscal general?
Cómo van a explicar estas personas un supuesto número de veedores cuya asistencia no fue demostrada, o la participación de Yadira Cadena, quien se dedicó exclusivamente a desvirtuar los riesgos y peligros que el coordinador de veeduría expuso. ¿Se habrá entrenado sola o tuvo la dirección de alguien?
La Asamblea Nacional, por su parte, no hace nada al respecto frente a esta situación. De repente nos recuerdan el origen de su nivel, con sus distracciones ordinarias.
Mientras tanto, el Poder Ejecutivo, cuenta que diseña un nuevo plan de seguridad, su estrategia del silencio se ha convertido en un mensaje claro y contundente. Para algunos significa que le importa tanto lo que le pasa a su país, que se ha quedado atónito lo que le alarga su silencio y, justo por ello, no sabe cómo responder a quienes amenazados y heridos por la delincuencia organizada anhelan una salida eficaz.
O, por el contrario, para algunos, esa afonía extendida no es otra cosa que indiferencia, ese deseo de no desgastarse ante el pueblo que carece de salud y seguridad.
Finalmente solo nos queda cuestionarnos: y, nosotros, ¿qué tipo de ciudadanía somos? (O)