Ya estamos en el sexto mes del año. Se lee rápido, pero ¿estamos realmente conscientes de que han pasado 156 días?, ¿realmente los han vivido con intención e intensidad?, ¿cómo va la lista de metas para este año? A veces vivimos sin intención ni propósito, solo repitiendo acciones día tras día como un reloj que funciona perfectamente, pero la vida no es perfecta, nos sorprende, cambia en el momento menos esperado y también nos maravilla. Hace poco fue el Día del Niño y vi en muchas cuentas esa aplicación que hace aparecer nuestro yo actual compartiendo mesa con nuestro yo infantil y me gustó mucho la idea de poder hablar con nuestra versión pasada: ¿qué le diríamos?, ¿estaría orgullosa de nosotros?
Por tanto, ya que en la vida real no podemos hablar con el pasado, pienso que es importante trabajar para nuestra versión futura. ¿Cómo queremos estar en 20 años? ¿Cómo queremos vernos a los 70 años? No me refiero al uso de cualquiera de esos productos que engañan ofreciendo juventud eterna, sino ¿quieren llegar a ser una persona con movilidad independiente o dependiente? Porque ninguna inyección que haga hinchar labios ayudará a que nuestra columna tenga masa ósea suficiente para sostenernos erguidos; eso se consigue con ejercicio y una alimentación cuidada. Lamentablemente, cuando uno tiene antojo de un piqueo en la tarde, a nadie le provoca un poco de lechuga con limón o un brócoli con sal; tal vez, a un grupo muy pequeño de bendecidos y afortunados, pero al resto nos provoca mucho carbohidrato y azúcar procesada. Entonces el tema es disfrutar hoy, pero sin descuidar nuestra vejez.
En contraste, puedo decir que últimamente tengo mucha pereza de hacer ejercicio, me burlo y les digo a mis hijas que ya fui flaca y maratonista, que ahora solo quiero ser feliz, pero es solo broma porque, aunque la pereza es real, siempre pienso en que quiero ser una abuela que pueda jugar con los nietos, cargarlos, sentarme en el piso con ellos, y no una abuelita que los mire desde su movilidad limitada por el abuso de comida incorrecta y huesos frágiles. No soy la dueña del futuro y desconozco el tiempo que Dios tiene programado para mí, pero quiero actuar como si fuera a vivir para siempre. Por eso me obligo a cuidarme, pero sin la presión que tenía a los 30 ni con el afán actual de subir todo en redes sociales. Creo que la vida es realmente una carrera de resistencia, donde debemos hacer paradas técnicas cuando nos sintamos agotados, pero fundamentalmente debemos ir disfrutando el paisaje y la compañía.
Hace poco escuchaba Scars, de U2, una bellísima canción que habla sobre nunca esconder las cicatrices porque ahí está nuestra belleza. Y estoy convencida de que en las arrugas, canas y libras de más también están nuestras marcas de vida. Perdamos el miedo de mostrarlas; basta de querer encajar en un perfil físico diseñado por otros. La vida está hecha para vivirla y el tiempo se va demasiado rápido, así que los invito a disfrutar la belleza, el amor, la comida y el ejercicio en la medida que sean felices. Como dijo Jean Paul Sartre: “No perdamos nada de nuestro tiempo; quizá los hubo más bellos, pero este es el nuestro”. (O)












