“Menos es más”, decía el afamado arquitecto minimalista alemán Ludwing van der Rohe, y esa eliminación de elementos innecesarios a su obra lo hizo trascender, allá por la mitad del siglo XX. Desde entonces, la frase ha sido citada infinidad de veces en infinidad de contextos, profesionales, siempre apuntando al éxito de los pocos por sobre los muchos. Del talento floreciente por sobre la mecánica repetición de tareas.

Hoy vemos esta frase implementada en la política. Aquí mismo, en el Gobierno de Daniel Noboa, quien ha llegado a reducir los ministerios que lo acompañan a 10, desde los 32 con los que una década atrás gobernaba Rafael Correa, quien tenía el criterio inverso: crear más entidades, con su correspondiente carga burocrática, para atender los apremiantes problemas ciudadanos. Ponerles agilidad a los procesos, donde debería haber eficiencia y transparencia. Y si bien en su momento aquello de los 32 pareció un esquema exitoso, la cantidad de funciones y cargos creados se han vuelto una carga pesada para la Administración pública. Y si hubo eficiencia, evidentemente fue efímera.

¿Podrá menos ser más en la burocracia? Quienes han armado el nuevo plan parecen estar convencidos de que sí. Ha dicho Julio José Neira, uno de los nuevos líderes que entran a este esquema, pero que viene con más de 10 cargos ejercidos en lo que va del gobierno de Noboa, que con este cambio se busca reducción de trámites, profesionalización del servicio público, eficiencia del gasto y la tan anunciada en este siglo XXI transformación digital. “Vamos a simplificar trámites, trabajar en la interoperabilidad entre instituciones y concentrar los recursos donde generen mayor impacto para los ciudadanos”, escuché a Neira en la cadena del anuncio. Y suena lógico. Hasta interesante. ¿Cuántas veces nos hemos quejado frente a una ventanilla estatal o esperado que el sistema operativo “piense” hasta el infinito cuando accedemos a algún trámite en línea? ¿Cuántos papeles, minutas, escritos simples y notarizados, o hasta la presentación de la partida de nacimiento física, a pesar de tener cédula, hemos tenido que llevar en carpetas? ¿O los viajes de entidad en entidad para recoger una certificación que podría bien manejarse online si las entidades tuvieran una eficiente conexión por red?

Pero aquí cabe otra frase, esta de origen legal, que dice: “Hecha la ley, hecha la trampa”. Y aunque no necesita mayor explicación, lo que grafica es que para cada candado hay una ganzúa que lo abra cuando ellos quieran y vuelva a burlar los esfuerzos de eficiencia y atención.

Es que las hordas de personas que han decidido dedicar su vida a los trámites, a vender facilidades para las dificultades que sus socios burócratas han creado, son también numerosas y tienen como telón de fondo las telarañas de corrupción que se han tejido a lo largo de muchos años de fabricar atajos hasta para el más simple de los procesos ciudadanos.

Veamos con optimismo esta versión del célebre “menos es más”, pero es de esperar que la ecuación, en materia de vigilancia y control de eficiencia, transparencia y atención, sea la inversa: más control para esos menos. (O)