El 7 de marzo, 12 presidentes de América Latina se reunieron con el mandatario de EE. UU. para discutir acerca de la seguridad regional y la coordinación estratégica frente a las transformaciones del orden internacional.
En estrategia existe una premisa fundamental que conviene recordar de cara a esta realidad: la estrategia no se fundamenta solo en aspiraciones, se fundamenta en la realidad. Las aspiraciones pueden inspirar el rumbo, pero las decisiones estratégicas deben partir de comprender el entorno. A esta forma de pensar podemos llamarla realismo estratégico.
Esta idea tiene raíces profundas en el pensamiento estratégico. Carl von Clausewitz advertía que la estrategia se desarrolla bajo condiciones de incertidumbre y límites reales. Edward Luttwak dijo que la estrategia responde a una lógica de interacción entre actores, recursos y poder. Y Richard Rumelt insistió en que toda buena estrategia comienza con un diagnóstico de los problemas que aborda.
En una conversación reciente con un exministro de Comercio Exterior, él señaló que la economía y el comercio internacional viven una etapa marcada por cinco transformaciones: mayor proteccionismo en varias economías, tensiones geopolíticas crecientes, reorganización de las cadenas globales de valor, aceleración tecnológica y competencia internacional intensa por mercados e inversión.
Las empresas ya no compiten únicamente en mercados; lo hacen dentro de un sistema internacional donde la geopolítica, tecnología y seguridad económica influyen cada vez más.
En ese contexto conviene observar la evolución de la política comercial ecuatoriana. Desde 2017, el país ha impulsado una estrategia más activa de acuerdos comerciales. Ecuador mantiene acuerdos con la Unión Europea, Reino Unido y EFTA, y ha avanzado en nuevos acuerdos con China, Costa Rica, Corea del Sur y Canadá. El objetivo ha sido ampliar mercados, atraer inversión y fortalecer la inserción internacional del país.
La estructura exportadora ecuatoriana muestra fortalezas importantes. Las exportaciones no petroleras alcanzaron $ 29.402 millones en 2025, un resultado que refleja la capacidad competitiva del sector exportador.
Pero en sectores dinámicos, se concentra en pocos productos, lo que revela la necesidad de diversificar la base productiva y ampliar la oferta.
La reciente crisis con Colombia y el también reciente acuerdo favorable con EE. UU. confirman también la idea central: comprender el entorno internacional se ha convertido en una tarea estratégica para los empresarios. Las decisiones empresariales se deben tomar entendiendo las transformaciones del comercio global. De ahí que creo que hay que acudir al realismo estratégico. Este, en el ámbito empresarial, se expresa en decisiones tales como comprar un negocio, vender una unidad, forjar una alianza, desarrollar una nueva línea productiva, redirigir recursos a oportunidades más prometedoras, fortalecer la competitividad o invertir en tecnología.
En definitiva, vale recordar una idea simple, pero contundente: la estrategia no consiste en imaginar el mundo que quisiéramos tener, consiste en entender lo que existe y actuar en consecuencia. (O)










