Una de las tareas pendientes que siempre se menciona en los análisis de la situación del país es el tomar medidas eficientes y prácticas que permitan el desarrollo económico de la sociedad.
En recientes semanas el Gobierno del presidente Daniel Noboa ha publicado datos que muestran una mejoría económica durante su administración, incluso comparándose con los gobiernos anteriores. Comentando que casi 65 % de los productos de la canasta básica han bajado. Llegando a afirmar con datos oficiales que los niveles de pobreza son los menores desde hace 18 años.
Diversos analistas le han dado la razón en algunos datos y muestran reservas en otros, además de mencionar que creen también son necesarios para ampliar el panorama.
Varios de nuestros columnistas también dan su opinión sobre estas cifras, así como qué le falta (o debe) hacer en esta materia el Gobierno en 2026 y qué podemos esperar los ecuatorianos en este rubro para este nuevo año.
Pablo Lucio Paredes
La economía ecuatoriana presenta algunos indicadores en direcciones variadas.
Lo positivo:
- El gran crecimiento de las exportaciones privadas, fruto del esfuerzo empresarial, y también los acuerdos de comercio negociados los últimos diez años.
- Las remesas que superaron los $ 7.000 millones, es decir, un salario básico para más de un millón y medio de familias. Esto mueve el consumo.
- La baja del riesgo país medido por los inversionistas internacionales que está por debajo de los 500 puntos.
- Obviamente la dolarización que es un gran factor de estabilidad macro y microeconómico, y entre otras cosas genera la baja inflación que registramos
- La disminución de la pobreza y la mejora del empleo adecuado (380.000 nuevos empleos), pero sobre el cual muchos especialistas tienen fuertes dudas metodológicas.
Lo negativo:
- La inseguridad que no para de crecer.
- La pésima calidad de la política y la justicia.
- El riesgo país medido internamente por los ciudadanos que, aunque no hay una medida precisa, sin duda ha aumentado.
- Importantes reformas que no se está enfrentando.
- Crecimiento económico que arrancó bien el año pasado, pero luego ha ido cayendo (2 trimestres seguidos negativos), y las perspectivas de crecimiento son bastante bajas (entre 2 % y 2,5 %) e insuficientes.
- Situación fiscal muy frágiles a pesar del aumento de impuestos y eliminación de subsidios. (O)
Roberto Aspiazu Estrada
La política tiene por motivo garantizar el bienestar de la población. Y en la serie de indicadores sobre su estado, ninguno más importante que la pobreza. La noticia que se ha recudido a 21,4 % su nivel más bajo en 18 años es muy alentadora.
Después de crecer alrededor de 4 % el año pasado, la expectativa de 2026 es más modesta; apenas 2 %. De modo que las autoridades gubernamentales y actores políticos tienen que plantearse qué hacer para mejorar esa proyección que tiene relación directa con el indicador de la pobreza.
Multiplicar la inversión extranjera directa estancada veinte años en menos de 0,5 % PIB, cuando los países vecinos registran entre 5 % y 7 % del PIB, puede marcar la diferencia. Los sectores de energía, petróleos y electricidad, así como minería tienen un potencial enorme que continúa desaprovechado. La lucha contra el modelo burocrático y estatista heredado de la Constitución de Montecristi no ha sido exitosa porque no se le viene dando la atención política que demanda. La inercia relacionada con redefinir el rol de Petroecuador, Celec, CNEL y temas que pueden parecer aislados como la tasa minera, siguen refrenando lo que puede ser el motor de la economía.
Ecuador necesita generar una cultura para favorecer este tipo de inversión destinada a transformar el país. Desde las contrapartes públicas se requiere un mayor acompañamiento para superar tantos obstáculos relacionados con permisos y autorizaciones engorrosas que agotan la paciencia de los corporativos internacionales.
La baja en el nivel de pobreza es un hito, pese a que el empleo adecuado continúa excluyendo a una mayoría de ecuatorianos. Hay tarea pendiente. (O)
Paola Ycaza Oneto
Las recientes cifras difundidas por el Gobierno, que evidencian una mejora económica y una reducción de la pobreza, constituyen una señal alentadora, pero estos datos invitan a una lectura cuidadosa y contextualizada. Economías frágiles como la ecuatoriana necesitan transformaciones estructurales duraderas en las condiciones de vida de la población.
La reducción de la pobreza medida por ingresos es un paso positivo, aunque abre el espacio para profundizar el análisis hacia factores como la calidad del empleo, la estabilidad laboral y la capacidad de los hogares para enfrentar shocks económicos. En este marco, existe un desafío transversal que impacta el desempeño económico y social del país: la seguridad. El crimen organizado y la inseguridad condicionan la actividad productiva, la inversión y la formalización de los negocios.
Mirando hacia 2026, el desafío del Gobierno es consolidar estos avances fortaleciendo las bases que permitan un crecimiento sostenible. Reforzar la seguridad es una condición necesaria para dinamizar la economía, atraer inversión y proteger el sector productivo existente. Es indispensable una mayor coordinación institucional y políticas económicas que generen oportunidades reales, especialmente en las zonas más vulnerables.
Asimismo, es necesario profundizar los esfuerzos para impulsar el empleo formal, ofrecer señales claras y previsibles al sector privado y continuar ordenando las finanzas públicas.
El escenario económico es delicado, pero ofrece oportunidades. Los indicadores muestran avances que pueden convertirse en mejoras sostenidas si se logra fortalecer la seguridad y la confianza. De ello dependerá que la recuperación deje de ser parcial y se traduzca en bienestar tangible para la mayoría de la población. (O)
Fernando Navia Gallardo
Las cifras nacionales publicadas por el Gobierno Nacional, de cara al futuro próximo, ameritan identificar las causas de la mejora para volverlas fuentes de crecimiento sostenible. Considero que el desempeño económico de Ecuador en 2026 tiene el potencial de superar el umbral del 2 % de crecimiento, desafiando las previsiones conservadoras gracias a la resiliencia del sector privado.
Este optimismo se sustenta en tres causas fundamentales: primero, la inelasticidad de las remesas, que han demostrado ser la prioridad absoluta del migrante y fluyen con fuerza mediante canales digitales para evitar gravámenes recién impuestos en Estados Unidos; segundo, un sector exportador no petrolero que proyecta un récord de $ 32.000 millones, impulsado por el dinamismo del cacao, camarón, banano, pesca, flores, etc. El tercer y más potente detonador es la minería formal, que en 2026 inicia fases constructivas críticas en proyectos como Curipamba (Bolívar), La Plata (Cotopaxi) y Cangrejos (El Oro). Con la reciente apertura del catastro minero, se espera que la Inversión Extranjera Directa (IED) 2026 presente mayores cifras, con impacto en el PIB.
Para consolidar esta tendencia es imperativo que el Gobierno rediseñe su institucionalidad de fomento productivo. El enfoque sectorial o de cadena productiva debe liderar el diseño de las estrategias de intervención (programas y proyectos) del poder Ejecutivo y el rediseño de los ministerios a cargo. Solo una institucionalidad moderna y eficiente podrá transformar este “rebote” en un crecimiento sostenido, permitiendo que la oferta exportable escale a nuevos mercados y se convierta en el verdadero motor del desarrollo nacional. (O)
Rosa Matilde Guerrero Murgueytio
Ecuador cierra el 2025, mejorando varios de sus indicadores macroeconómicos, según información del Ministerio de Economía y Finanzas y Banco Central del Ecuador, principalmente, indicadores como el crecimiento del PIB que estaría en el orden del 3,8 %, niveles superiores al proyectado a inicios del año, crecimiento del empleo y disminución de la pobreza. Más, el análisis de las mencionadas cifras debe hacerse en el contexto de que en el año 2024 la economía ecuatoriana decreció en -2 %, por lo que en parte el comportamiento del PIB del año 2025 se explicaría por un efecto rebote de la caída del PIB asentada el año 2024, así como, el crecimiento relevante de las exportaciones tradicionales privadas y, el flujo de remesas.
El comportamiento económico del año 2025 nos ha demostrado, que es necesario crecer y controlar el gasto fiscal ineficiente, para impactar positivamente en el empleo, los ingresos y en general el bienestar de la población. Adicionalmente, se debe tener en cuenta, que el crecimiento debe ser y de largo plazo, fruto de un conjunto de políticas públicas integrales, conectadas entre sí y concertadas con la población, que para el caso ecuatoriano, según varios estudios de organismos internacionales, al menos deberían tener como meta un 5 % anual de crecimiento del PIB (cifra que estaría por arriba de las expectativas de desaceleración que enfrentaría el PIB de Ecuador en 2026, según el BCE 1,8 %, FMI 2,0 %, CEPAL 2,1 %, Banco Mundial 2,5 %, respectivamente).
El desarrollo económico sostenible de ecuador no puede demorar más, requiere de reformas estructurales que le permitan dar el salto en términos de: (I) enfrentar su desafío más grande para 2026 que es enfrentar la gestión del déficit fiscal debido a los importantes requerimientos de financiamiento por lo que su sostenibilidad fiscal podría verse comprometida; (II) abordar sin tapujos la mejora de su competitividad y productividad fortaleciendo la infraestructura pública (con aporte de inversión privada con base en el marco legal vigente), transformación del mercado laboral que permita incluir la fuerza de trabajo informal (con base en reformas legales posibles), modernización de los procesos de capacitación-innovativa; (III) apertura y competitividad del sector financiero para profundizar la inclusión financiera y competitividad de oferta de recursos. (O)