El Ministerio de Educación emitió el Acuerdo n.º MINEDEC–2025-00045-A, del 24 de septiembre de 2025, incorporando un extenso “Protocolo de acompañamiento de niñas, niños y adolescentes para el reconocimiento de la identidad de género en la comunidad educativa”. El documento redactado tras una sentencia de la Corte Constitucional (n.º 95-18-EP/24) pretende cumplir la disposición de elaborar un protocolo para prevenir y combatir la discriminación por diversidad sexual e identidad de género. Pero el ministerio transforma el mandato inicial –centrado en evitar la discriminación– en un instrumento que introduce el “acompañamiento” para el “reconocimiento de la identidad de género”, desplazando los verbos rectores establecidos por la Corte hacia otros que promueven una visión ideológica específica.

Desde su denominación, el protocolo revela esta reorientación conceptual: en lugar de ofrecer herramientas preventivas frente a actos discriminatorios, el documento propone validar identidades construidas desde percepciones subjetivas, presentándolas como categoría normativa dentro del sistema educativo. Este desplazamiento semántico y jurídico configura una forma de adoctrinamiento sutil, acogiendo como horizonte pedagógico la aceptación de postulados de la ideología de género, desligados de fundamentos científicos sobre la realidad biológica humana.

Tanto el contenido como la extensión del protocolo de 68 páginas evidencian una elaboración que parece exceder la función pedagógica del Estado, convirtiéndose en un texto que exalta y promueve concepciones ideológicas ajenas a la tradición científica y antropológica que reconoce la existencia de la sexualidad humana como dato objetivo. El resultado es un instrumento que supone una intervención formativa que confunde y modela la comprensión que niños y adolescentes tienen sobre su identidad.

Su redacción muy elaborada, extensa y siempre argumentando el bienestar de los menores, parecería que no fuera producto del ministerio, sino el resultado de una consultoría externa liderada por profesionales auspiciantes y activistas progres, genéricos wokes.

Aunque el presidente de la República y la ministra saliente han manifestado que el Gobierno no auspicia la ideología de género, la normativa emitida transmite un mensaje distinto en su estructura y propósito. Aun cumpliendo la sentencia constitucional, el ministerio pudo haber seguido el formato usual de los protocolos orientados a prevenir violencia, acoso o discriminación, sin incorporar elementos que funcionan como vehículos de adoctrinamiento en las aulas.

Es indispensable promover el respeto y la dignidad de todos los estudiantes, evitando cualquier forma de discriminación o agresión. Pero ello no implica introducir marcos conceptuales que relativizan la realidad biológica o que incentivan decisiones irreversibles en etapas tempranas del desarrollo. La protección integral de la niñez exige salvaguardar su madurez psicológica y permitir que en su vida adulta puedan tomar decisiones informadas sin la influencia de discursos ideológicos impuestos desde el sistema educativo. (O)