Está en la Asamblea el Plan de Desarrollo 2025-2029. El Plan abunda en metas nobles, pero no plantea una estrategia para generar crecimiento. Por ejemplo, para captar inversión extranjera, el Plan propone “implementar estrategias dinámicas de atracción”. El Plan no se da por enterado del inminente auge minero.

Las autoridades energéticas han rescatado del marasmo del Ministerio del Ambiente y Agua entre siete y nueve proyectos de mediana y gran minería que entrarán en construcción entre 2025 y 2027. Habrá gran inversión, contratación de mano de obra, incremento de exportaciones e ingresos fiscales. Pero eso es solo el beneficio directo.

Los proyectos necesitarán mucha energía eléctrica, que el Estado no pretende entregar. Que los mineros instalen las plantas generadoras, es la actitud oficial. Pero el desarrollo de las minas requiere gran inversión en un periodo en que las empresas no tienen ventas, y se les dificulta financieramente invertir paralelamente en electrificación. Lo adecuado es permitir que inviertan empresas internacionales de generación eléctrica aprovechando que las mineras serían grandes clientes. Esas empresas generadoras adicionalmente captarían a los clientes industriales AV1 y AV2 a los que el Estado les dice que no les garantiza el servicio eléctrico. Los apagones quedarían atrás.

Para facilitar esto, se requieren cambios legales y quizá constitucionales. ¿Pero qué dice el Plan? Solo trae un diagnóstico de la situación. ¿Qué dicen las autoridades?

Esas siete a nueve mineras sacarán el mineral de oro y cobre a los puertos en grandes camiones. De Morona y Zamora dos minas, Fruta del Norte y Mirador 1, ya lo hacen, por caminos deficientes; los mejores tramos son carreteras diseñadas para tránsito de bananeros, carga mucho más liviana. Pronto las dos se duplicarán, con Mirador 2 y Warintza, y después triplicarán, con Panantza y San Carlos. Se requiere, urgente, una ancha carretera de múltiples vías para tráfico pesado, o un ferrocarril, que conecte las minas, Zamora y Loja con Machala y Guayaquil y sus puertos.

Entran también en desarrollo una mina en Azuay, Loma Larga, y otra en El Oro, Cangrejos, se requiere otra carretera de primera desde Cuenca. Hay dos minas en el centro de la Sierra, en cantones limítrofes con Los Ríos, El Domo y La Plata, y a lo mejor lo práctico sería que exporten por Manta. Imbabura tiene el mayor proyecto de todos, Cascabel, que destina a Esmeraldas a convertirse en puerto minero.

La minería es la oportunidad para concesionar al menos cuatro grandes ejes viales para transporte pesado que conecten Sierra y Oriente con los puertos de la Costa, que además requerirán ampliarse. ¿No sería acaso ese un gran motor de desarrollo y modernización de la infraestructura nacional?

El desarrollo de esas minas está comenzando, y la construcción de vías y puertos debe ir en paralelo. El prototipo de esas vías es el quinto puente que se planteó en 2008, pero no se lo construyó porque Correa decidió castigar a Guayas y El Oro por votar socialcristiano. Pero en ocho años de gobiernos democráticos no hemos sido capaces de construirlo.

¿Se va a esperar a que las mineras tengan apilado mineral de oro y cobre frente a sus minas para ponernos a pensar cómo se lo va a transportar? (O)