La respuesta al titular de este artículo es: ¡yo, al menos, no! Vivimos una época de líderes reactivos en el corto plazo, frente a electores que son aún más volátiles, de un juego social muy público (y poco ideológico) a través de las redes, y de cambios estratégicos importantes…, aunque estemos claros en que ha sido en gran parte la historia humana. En el siglo pasado hubo guerras mundiales, crisis financiera, guerras localizadas, pandemia mortífera, guerras civiles impensables, y en este cuarto de siglo ya van varias guerras localizadas, crisis financieras y pandemia. Apena y agota recordar todo eso. Y de cierta manera, hubo un medio siglo “más tranquilo”, porque se crearon mecanismos de negociación, como el Consejo de Seguridad, la OMC y más; pero, sobre todo, las armas nucleares llevaron a la Guerra Fría en lugar de guerras calientes, pero no es extraño pensar que varios de esos mecanismos se han agotado.

¿Qué está sucediendo? Hay muchas maneras de juzgarlo, pero me parece que la más sensata es alrededor del conflicto de poder entre EE. UU. y China, el primero empujando para preservar sus ases estratégicos, la segunda en una posición “más cómoda”, reactiva y jugando “por detrás”. ¿Qué buscan los Estados Unidos de Trump? Sin duda manejar la baraja en el tema energético y de minerales, por eso Venezuela y Groenlandia, por eso sus golpes sobre Irán para causar temor en el Medio Oriente y que así EE. UU. sea un centro alternativo y atractivo para productos básicos en el desarrollo tecnológico y económico, por eso su presión para que los países escojan entre la Pax Americana o la China y que esta encuentre menos aliados, algo similar en las futuras nuevas rutas del Ártico y del espacio. ¿Lo está logrando? Hay opiniones muy divergentes.

Unos opinan que sí. El petróleo venezolano y del continente van camino a estar bajo control de EE. UU. Los abastecimientos mundiales en productos esenciales se mueven hacia allá, lo cual le mantiene en primera línea del futuro. Rusia se desangra en Ucrania. Europa ha entendido (más allá del “pataleo”) que las relaciones se moverán bajo las condiciones americanas. Sus aliados, como Israel, se han fortalecido. Los organismos internacionales ya no tienen el “negativo” predominio del pasado. Acciones que se ven como “ilegales” son la única manera de enfrentar tantos desajustes de gobiernos pasados y los aranceles “ordenan” al mundo. Otros opinan que no. Irán

se ha fortalecido al mostrar que su poder puede afectar a muchos y eso pone en dificultad a sus vecinos, aliados americanos. China sigilosamente ha llegado a acuerdos comerciales y estratégicos con los que temen la incertidumbre americana, mientras el dólar va perdiendo predominio. Europa autofinancia su defensa, pero eso le blinda frente a EE. UU. e incluso le comprará menos armamento. Rusia ha pasado a un segundo plano, lo cual le ayuda. Y frente a la errática política arancelaria, todos redistribuyen sus cartas y alianzas… ¡Complejo!

Notas. 1) Dejemos de lado tanta vacación, y se quiere agregar una nueva: sin sentido. 2) La nueva emisión de deuda del Gobierno en el mercado internacional puede ser relativamente exitosa porque hay mucha liquidez en el mundo, pero seguir endeudándonos es el camino fácil y de ninguna manera es el correcto. (O)