Si bien las dificultades son parte de la vida. Puede suceder que hechos poco agradables se junten y permanezcan incomodando. Pero es la resiliencia la que puede sacar a los individuos y a las sociedades adelante.

A nivel individual, las personas somos capaces de desarrollar estrategias para afrontar las dificultades y, en el mejor escenario, sacarles provecho. En el artículo titulado “Resiliencia: desarrolle habilidades para soportar las dificultades” la Clínica Mayo explica que es normal sentirse con sufrimiento, ira o dolor cuando se atraviesan problemas.

Pero también se puede cultivar resiliencia con siete medidas: conectar con otra gente, darles sentido a las tareas cotidianas, aprender de lo vivido, mantener la esperanza, comprender sus propios sentimientos y concentrarse en la acción, es decir, en buscar soluciones.

A nivel social, los pueblos pueden usar las dificultades como combustible para concentrarse en las soluciones. Sin embargo, a nivel individual y a nivel social existen elementos negativos que contribuyen a mantener los obstáculos y agravarlos. El estudio de Mathias y otros (2024), titulado Emergence of social-psychological barriers to social-ecological resilience: from causes to solutions, determina que hay comportamientos que minan la resiliencia. Así, los aspectos que debilitan o destruyen su resiliencia social son seis factores. El primero, la respuesta desproporcionada, que puede ser la sobreactuación o una actuación insuficiente. El segundo, la intolerancia a la incertidumbre. El tercero, la reactancia, significa la toma de decisiones precipitadas y sin reflexión. El cuarto, la indiferencia o inacción. El quinto, la negación del problema que contribuye a la inacción. Sexto, desesperanza.

Los pueblos que superan problemas se levantan y logran que sus ciudadanos actúen en comunión. Pasan de la inacción a la acción deliberada y reflexionada. Dejan de ser indiferentes frente a los problemas. Promueven actuaciones colectivas y solidarias.

Ecuador es un país caracterizado por la solidaridad, la empatía y la acción colectiva. ¿Cuántas veces la minga solucionó problemas y trajo esperanza? ¿Cuántas veces nos unimos para contribuir con otros? Esa es la esencia de nuestro país.

Si bien, el Gobierno central hace lo posible por devolver la tranquilidad a la ciudadanía y mantener a flote al Estado. Es claro que heredó una deuda externa gigante y condiciones económicas deplorables. Aún así, son claros los esfuerzos por sostener el país. No obstante, se requiere fortalecer la resiliencia individual y social a través de acciones inteligentes en todos los frentes y ministerios del Gsobierno.

También la resiliencia se requiere cultivarla a nivel micro en el barrio, la parroquia y la ciudad. Ahí donde los gobiernos locales pueden traer tanto bien a sus ciudadanos. Ahí donde es posible la acción social que renueve la fe en que sí se puede salvar a Ecuador de sus problemas.

Desde esta columna hacemos un llamado a analizar el momento crítico que vivimos y a deponer posiciones políticas destructivas que minan la capacidad de resiliencia. Es hora que retomemos con fuerza y unión la posibilidad de devolverle la esperanza al país. (O)