Desde 1920 cada 13 de abril en Ecuador se celebra el Día del Maestro. Fue el presidente Baquerizo Moreno quien lo decretó en honor al natalicio de Montalvo. En aquellos tiempos se entendió que enseñar, escribir e investigar son funciones principales de la docencia, por eso la figura de Montalvo encarna al investigador minucioso y al escritor agudo. De ahí que quien no investiga difícilmente tiene algo que enseñar.
Sin embargo, la labor docente cambia, hoy casi toda información se encuentra a un clic. En algunos formatos educativos se ha insistido en la restricción de celulares y dispositivos durante las horas que se imparten clases. No obstante, en lo cotidiano las personas acuden con sus celulares o dispositivos digitales, sea para tomar nota, confirmar información o entregar informes.
También cambiaron la autoridad del aula y las formas de evaluación. Las familias quieren docentes que motiven a sus estudiantes, que les brinden varias oportunidades para aprobar y probar los conocimientos. Casi nadie respeta la palabra docente cuando está en juego la promoción de un semestre o un año académico. Así la autoridad del aula se soslaya porque la gente solo se interesa en la aprobación (casi automática) de los estudiantes.
De ahí que la autoridad docente debe construirse de otra forma. Desde el desarrollo de la conciencia hacia el aprendizaje, la disciplina y los valores. La autoridad no nace de la imposición, sino del trabajo conjunto. Un docente gana autoridad cuando acompaña positivamente a sus grupos a alcanzar sus metas y en ejercicio de la justicia señala con profundo respeto aquello donde sus estudiantes deben mejorar.
En cuanto a las formas de evaluación, los nuevos contextos demandan habilidades centradas en el análisis de la información, la evaluación de escenarios y la toma de decisiones. La centralidad de la memorización quedó rezagada frente a las destrezas de componer instrucciones adecuadas para generar preguntas a aplicaciones tecnológicas. Acudimos al momento en que personas y tecnologías se funden para acortar procesos, generar nuevos conocimientos y fundamentar decisiones. Llegó la hora en que sin uso de la tecnología dentro del aula posiblemente se calificará a los docentes de gente caduca.
Si es cierto que son tiempos nuevos. Pero las funciones básicas de escribir de forma autónoma, investigar con los medios disponibles (hoy, los digitales) y reflexionar siguen siendo los pilares de la enseñanza y el aprendizaje. Los medios se han vuelto más automáticos, masivamente disponibles y en algunos casos confusos por la abundancia de información (incluso contradictoria).
Entre los nuevos desafíos docentes está la búsqueda de herramientas fidedignas, espacios virtuales seguros y formas de investigación no tradicional. Estamos en un momento de tránsito, donde se requiere del ingreso de las nuevas tecnologías y del fortalecimiento de habilidades blandas, para orientar a las nuevas generaciones al uso responsable y divertido de las herramientas disponibles. Parafraseando a Montalvo, hoy posiblemente cabe la frase “Triste el magisterio que no prepare a las generaciones para analizar la tiranía de digital”. (O)











