Uno de los autores más reconocidos del management y la estrategia, Vijay Govindarajan, profesor de Dartmouth College y referente mundial en innovación estratégica, plantea una mirada fresca sobre cómo las organizaciones enfrentan el tiempo: aprender a vivir simultáneamente en tres cajas.

La primera caja es la del presente. Es la operación diaria, las ventas, la ejecución, los clientes, los resultados y las metas que cumplir. Toda empresa necesita una Caja 1 fuerte. Pero muchas organizaciones quedan atrapadas ahí. Viven reaccionando. Corriendo. Resolviendo urgencias. Apagando incendios.

La segunda caja tiene que ver con evolucionar. Toda empresa tiene dos grandes negocios: hacer lo que hace y mejorar lo que hace. Ahí nace gran parte de la evolución de una empresa. Mejorar cómo opera, cómo decide, cómo aprende y cómo crea valor. Muchas veces la diferencia entre una empresa que crece y otra que se estanca está en su capacidad de evolucionar.

Y finalmente está la tercera caja: construir el futuro. Pensar en nuevas oportunidades. Explorar tendencias. Imaginar el negocio que la empresa necesitará ser mañana.

Liderar estratégicamente significa trabajar simultáneamente en estas tres dimensiones. Y así como liderar estratégicamente a nivel empresarial implica trabajar en estos tres horizontes, a nivel de país ocurre exactamente lo mismo.

Una vez al mes, en un almuerzo con un grupo de empresarios, solemos invitar a expertos para conversar sobre distintos temas. En esta ocasión, el invitado fue el exministro Gustavo Manrique, quien nos habló sobre su visión ambiental del país. Parte de esa conversación conectaba profundamente con esta lógica de las tres cajas.

Gustavo plantea que Ecuador tiene una oportunidad histórica: pasar de una economía que explota naturaleza a una economía que crea valor a partir de la biodiversidad, la energía limpia y la información genética contenida en sus ecosistemas.

El presente del Ecuador exige resolver problemas urgentes: seguridad, empleo, energía, institucionalidad y crecimiento económico.

La segunda dimensión implica modernizar estructuras, elevar la productividad y desarrollar nuevas capacidades.

Y la tercera obliga a nuestro país a pensar qué podríamos llegar a ser.

Las secuencias digitales de la biodiversidad pueden convertirse en una nueva fuente de conocimiento, ciencia, biotecnología, salud, agricultura y desarrollo productivo.

Eso significa mirar la biodiversidad no solamente como un recurso natural, sino como una plataforma de innovación y generación de valor.

En las próximas décadas, la capacidad de transformar conocimiento en valor será cada vez más determinante para el desarrollo de los países.

Después de muchos años acompañando empresarios y organizaciones, cada vez estoy más convencido de que una parte fundamental del liderazgo moderno consiste en desarrollar la capacidad de habitar simultáneamente estas tres cajas. (O)