En el mundo de hoy los datos hablan más fuerte que cualquier discurso, mientras usted lee estas líneas la población mundial supera los 8.200 millones de personas y sigue creciendo; solo en lo que va del año han nacido más de 22 millones. Más personas significan más alimentos, más energía, más transporte y más productos; más presión sobre los recursos naturales que sostienen la economía.
Durante décadas nos enseñaron a medir el progreso únicamente con indicadores como el PIB, pero surge una pregunta inevitable para el mundo empresarial: ¿de qué sirve crecer económicamente si al mismo tiempo estamos vaciando la bodega de recursos que sostiene ese crecimiento? Todo lo que usamos proviene de la naturaleza, por extracción o por producción. Cuando la economía crece sin reconocer ese origen, el resultado es un modelo que extrae cada vez más sin considerar cuánto queda disponible para el futuro.
En ese contexto el planeta enfrenta una triple crisis compuesta por pérdida de biodiversidad, contaminación acelerada y cambio climático, lejos de ser un debate ambiental abstracto, esta crisis ya está afectando cadenas de suministro, producción y decisiones de inversión. Cada año fenómenos climáticos extremos generan grandes pérdidas, estimaciones del Foro Económico Mundial indican que estos provocan pérdidas globales de millones de dólares por hora.
Pero también existe una enorme oportunidad económica, la biodiversidad tiene muchas veces más valor cuando se gestiona inteligentemente, Costa Rica lo entendió hace décadas, un pez marlin vivo puede generar cientos de miles de dólares gracias al turismo deportivo, mientras que muerto apenas vale unos pocos dólares en el mercado. Algo similar ocurre en el Parque Nacional Yellowstone en EE. UU., donde la presencia de osos sostiene una economía turística de cientos de millones al año.
El mercado global también está cambiando, cerca del 75 % de consumidores prefiere productos sostenibles y una proporción creciente está dispuesta a pagar más por ellos. Regulaciones como el Pacto Verde Europeo están transformando el comercio internacional al exigir trazabilidad ambiental, cadenas libres de deforestación y reportes de sostenibilidad.
Las empresas que no se adapten perderán reputación y acceso a mercados. Deberán medir su huella de carbono, gestionar sus impactos y responder por lo que ocurre en toda su cadena de valor, incluso ya incorpora riesgos climáticos para dar créditos.
En medio de esta transformación global Ecuador tiene una ventaja extraordinaria, somos uno de los países con mayor biodiversidad del planeta y ese patrimonio natural puede convertirse en turismo de alto valor, innovación farmacéutica, biotecnología y nuevas formas de inversión. En otras palabras, Ecuador puede convertirse en una potencia económica basada en biodiversidad si logra transformar esa ventaja natural en estrategia empresarial y política pública.
Para los líderes empresariales del país el mensaje es claro, las empresas que integren la sostenibilidad en su estrategia no solo estarán contribuyendo al bienestar del planeta, estarán posicionándose mejor en la economía del futuro. (O)