En 2008 surgió una organización con afanes de unidad: la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), sus mentores izquierdistas, especialmente los Gobiernos de Venezuela y Brasil, querían una organización sin injerencia de Estados Unidos, una especie de OEA sudamericana. Sus doce miembros: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, establecieron como objetivo combatir el narcotráfico, el crimen organizado, la inmigración ilegal y el terrorismo.
En el mismo año, doce ministros de Defensa aprobaron la creación del Consejo de Defensa Suramericano, organismo de consulta, cooperación y coordinación en materia de Defensa, una especie de Junta Interamericana de Defensa (JIA); igualmente, en 2011 se creó el Centro Suramericano de Estudios Estratégicos de la Defensa, algo parecido al Colegio Interamericano de Defensa (CID). Ecuador recomendó la creación de la Escuela Suramericana de Defensa que fue aprobada en febrero de 2014, con la intención de sustituir a la Escuela de las Américas. Todas estas iniciativas contenían más promesas que realidades.
En Unasur, más que un verdadero impulso integrador, primaron los intereses ideológicos de la mayoría de sus componentes, lo que propició en 2018 el desbande de gran parte de sus miembros y prácticamente la desintegración de la organización.
Vivimos tiempos difíciles en nuestro país y en la región, sufrimos un criminal ataque de mafias internacionales del narcotráfico, terrorismo, minería ilegal, tráfico de armas y de personas, lavado de activos, etc., en una guerra asimétrica demencial. Para hacerle frente a estas amenazas el presidente de los Estados Unidos convocó a doce gobernantes de América Latina y el Caribe, afines ideológicamente, a una cumbre denominada ‘Escudo de las Américas’ que busca reforzar la cooperación regional, con un enfoque militar, en seguridad, migración y combate al narcotráfico.
Antes de la cumbre convocada por el presidente Trump, se reunieron 20 ministros de Defensa y Seguridad. El planteamiento del Ecuador fue fortalecer la cooperación en tres frentes clave: el intercambio de inteligencia y la interoperabilidad entre fuerzas de seguridad; la modernización del control fronterizo y portuario con tecnología avanzada; y la consolidación de mecanismos de apoyo sostenido que permitan fortalecer las capacidades institucionales frente a estas amenazas.
Para nuestro país, el problema va más allá de la oportunidad de reforzar la cooperación de EE. UU. con un enfoque militar, si persiste la demanda de estupefacientes. Se calcula que en Estados Unidos hay alrededor de 30 millones de consumidores de 12 años en adelante, el más elevado del mundo, con un gasto de entre 120 y 145 mil millones de dólares cada año. Este gasto se concentra en cuatro sustancias principales: marihuana, cocaína, heroína y metanfetamina. El mercado de drogas europeo mueve al año más de 11.600 millones de euros, supera los seis millones de consumidores.
¿America first (Estados Unidos primero) y el ‘Escudo de las Américas’ ayudarán a resolver los angustiantes problemas de nuestro país y de América Latina y del Caribe? (O)