Un viejo dicho popular expresa que siempre es bueno ir a visitar la cárcel para estar consciente de lo que le espera a un ciudadano si se desvía del camino correcto, si comete un delito.
En el caso del Ecuador las cárceles son famosas por el caos en el que viven los presos. Cada vez que hay un problema importante en una de las cárceles de Guayaquil la televisión muestra cómo los familiares desesperados informan al entrevistador que se comunicaron con su pariente preso, quien les explicó de la situación que se vive dentro de la cárcel. Esto no debería llamar la atención si no fuera porque los teléfonos celulares están prohibidos en las cárceles. Este detalle muestra con elocuencia parte del problema carcelario.
Ahora bien, hace unos días un presunto criminal bastante peligroso decidió tirarse por la ventana de un edificio y morir en lugar de ir preso en un operativo para capturarlo. Me parece que un hecho así no debe pasar desapercibido, pues no se trataba de un ciudadano cualquiera asustado por el hecho de ir a la cárcel. El presunto delincuente en un acto consciente de deliberación prefirió morir. Esto sugiere al menos dos posibilidades. La primera, que estaba convencido de que dentro de la cárcel lo iban a matar miembros de una banda contraria, o que iba a ir a parar a la Cárcel del Encuentro, donde, de verdad, no hay comunicación ni posibilidad alguna de escape. Y si la segunda posibilidad es correcta, quiere decir que el propósito de la Cárcel del Encuentro como un lugar de máxima seguridad cumplió su cometido (claro está la incomunicación es un agudo problema constitucional que necesariamente debe superarse).
La estrictez del control debe ser un modelo a replicar. Lo que está mal frente al propósito de la rehabilitación es la imposibilidad de salir al patio, de hacer deporte, etc. Esto aumenta la ira, y por ende potencializa la violencia. No son incompatibles la rehabilitación y el control estricto. La rehabilitación es una vieja deuda del Estado respecto de los presos. Estos, por lo demás, constituyen una importante fuerza laboral que debiera aprovecharse. El trabajo puede aumentar el amor propio y les permitiría ahorrar para cuando salgan. Solo es cuestión de tomar la decisión y arrancar con un buen proyecto piloto a replicarse.
Vivir sin hacer nada no es razonable. Hay que pensar bien, decidir bien y actuar bien. Esto es exactamente lo que no hicieron quienes elaboraron la última normativa sobre asociaciones público-privadas, y también quienes desmantelaron los beneficios tributarios de dichas asociaciones para estimular la inversión privada. Estas asociaciones se han convertido en un simbólico fracaso de los últimos gobiernos.
Los presidentes de la República son inocentes de las barbaridades cometidas por quienes elaboraron los defectuosos proyectos de ley, pues no están en el detalle jurídico.
¿Dónde están las asociaciones público - privadas? Noboa tiene la clara posibilidad y el poder de resolver el problema. Pasaría a la historia si lo hace. La férrea voluntad para combatir la delincuencia debe replicarse en este campo. (O)










