En todo rincón del Ecuador, por muy recóndito que este sea, siempre habrá una mano amiga dispuesta a levantar bien alto la antorcha del progreso y el desarrollo social. Esa mano amiga es la del maestro educador. Inspirados en el pensamiento de Juan Montalvo Fiallos, el 13 de abril el Ecuador conmemora el Día del Maestro Ecuatoriano, fecha que trasciende lo simbólico para convertirse en un justo reconocimiento a quienes forjan el presente y construyen el futuro de la nación.
Desde esta tribuna del pensamiento rindo homenaje a quienes han hecho de la enseñanza una vocación de vida. Ser maestro no es únicamente impartir conocimientos; es sembrar valores, despertar conciencias y formar ciudadanos comprometidos con la sociedad. En cada aula, urbana o rural, el docente ecuatoriano se convierte en guía, consejero y ejemplo de perseverancia.
La Constitución reconoce a la educación como un derecho fundamental y un deber ineludible del Estado, consagrado en el art. 26, que establece que la educación es un área prioritaria de la política pública y garantía de igualdad e inclusión social. Asimismo, el art. 27 dispone que la educación debe ser de calidad, calidez, participativa y orientada al desarrollo integral del ser humano. En concordancia, la Ley Orgánica de Educación Intercultural fortalece el rol del docente, reconociéndolo como actor clave del sistema educativo y garantizando su formación continua, estabilidad laboral y condiciones dignas para el ejercicio de su profesión.
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Esta fecha también debe ser una oportunidad para reivindicar los derechos del magisterio ecuatoriano. Es imperativo mejorar sus condiciones salariales, fortalecer su capacitación profesional y garantizar infraestructura adecuada, materiales didácticos y entornos seguros. (O)
Elio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, el Coca

















