Para expresar una idea, para referirse a algo, para entenderse, para dialogar, los humanos llegaron a ponerse de acuerdo en el significado y uso de determinadas palabras.
Desde el inicio de todas las culturas, la palabra ha sido un instrumento para que las personas se encuentren en los acontecimientos y para que expresen en la vida diaria sus alegrías, dolores, esperanzas.
Lo que vivimos en este tiempo es un reflejo de lo que vivió la humanidad en los albores de su historia, según narración simbólica recogida en el capítulo 11 del Génesis.
Los hombres ya entonces pretendieron ponerse a la altura de Dios. Iniciaron la construcción de una torre alta, la llamada torre de Babel (Babilonia), para hablar de igual a igual con Dios. La pretensión de ser grandes, independientes y alejados de Dios impidió que se entendieran unos con otros. El alejamiento de Dios y la separación entre ellos los debilitaron y les impidieron construir la torre. Dando cada uno un significado distinto a las palabras, destruyeron su finalidad, la de comunicarse, de entenderse, de ayudarse.
Babilonia enseña que la confusión en el significado de las palabras es fruto del desencuentro de las personas. A su vez este desencuentro, como una bola de nieve, en su descenso arrastra y mezcla significados de realidades diversas.
Señalo algunas confusiones similares a las de los albores de la humanidad:
(1) Progreso. Esta palabra de origen latino significa dar pasos hacia delante. ¿Cuál es el punto de referencia para afirmar que alguien va hacia delante o que retrocede? Si cada uno tuviera atribuciones para determinar qué es adelanto y qué es retroceso, viviríamos en Babel, en la que finalmente el más fuerte decide si adelantamos o retrocedemos. La conveniencia del más fuerte se impone al diccionario y al bien de los demás.
(2) Desarrollo. Es una evolución de menos a más. El crecimiento en generosidad, fidelidad, creatividad, constancia, hon-ra-dez, no importa, o importa menos. Sin estos valores no hay desarrollo social. En la sociedad actual algunos consideran desarrollados a quienes tienen muchos bienes materiales. Quienes reflexionan descubren que muchos “desarrollados” son jumentos dorados.
(3) Matrimonio igualitario. Ya la sola palabra “matrimonio” está unida a maternidad. Dar este nombre a una unión de dos hombres o de dos mujeres es un abuso. Busquen otro nombre para esta unión, en la que no hay padre ni madre: para no robar el prestigio de un nombre tan importante, para no confundir. Notemos que, para consolidar la apropiación indebida y la confusión, se añade el adjetivo “igualitario”.
(4) Laico, laicismo. No es lo mismo: laico es lo no religioso; laicismo es lo antirreligioso. Ecuador es un Estado laico. No hay una religión del Estado: a veces actúa como laicista.
(5) Derecho-Deber. La persona humana es sujeto de derechos. Por ser persona humana es también sujeto de deberes. Derechos y deberes con indisolubles. Separarlos es dañina demagogia.
(6) Quien se encapucha: o actúa como peón pagado, irreflexivo, irresponsable, o tiene vergüenza de sus acciones.
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