Hoy, a propósito de su reciente muerte, iba a escribir sobre Claudio Naranjo, uno de los pioneros y máximos referentes de la psicología transpersonal a nivel mundial, que realizó grandes aportes a la educación en su sentido más amplio y humano, personaje que descubrí gracias a Marcia Gilbert, mujer con una curiosidad intelectual deliciosa, pero fue ese mismo acto del descubrir lo que me hizo cambiar de tema.

Resulta que para mí las redes sociales se han vuelto como una especie de cámara de espionaje a esas cabezas que se admiran. Observando secretamente lo que postean uno se acerca a su fascinante mundo.

En Twitter y Facebook tengo mis favoritos, en la red del pajarito azul espero, como cuando uno espera un nuevo capítulo de una serie, los tuits de Marisabel Manrique (@marisabelm), una gran redactora, que sin importar tanto de lo que escriba, maneja el lenguaje con un estilo muy fino, afilado y agudo cuando es necesario. Sus textos son siempre una buena pausa ante lo vertiginoso del día a día.

En Facebook me sucede de otra manera, no espero nada, no busco nada, hasta que de pronto se asoman los posteos de Tina Zerega, tímidamente, como es ella en persona, pero con la profundidad y lucidez que deja escapar cada vez que escribe o diserta sobre algún tema.

Ella se ha vuelto para mí como una ventana a ese mundo que se me ha ido escapando.

Por ella conocí hace algunos años la obra de Zigmunt Baumann, y en estos días a Byung-Chul Han, filósofo y ensayista surcoreano experto en estudios culturales y profesor de la Universidad de las Artes de Berlín.

Sus libros, todos publicados en español, aportan una mirada crítica sobre la sociedad digital.

Habla de la sociedad del rendimiento, como lo contrario de la sociedad del juego. Describe a nuestra sociedad como la sociedad del cansancio, donde cada uno se explota voluntariamente a sí mismo creyendo que así se está autorrealizando. Nos matamos a base de autorrealizarnos. Nos matamos a base de optimizarnos. Pero el hombre no es un homo laborans, sino un homo ludens.

Critica los medios digitales, sobre todo, porque generan una ilusión de libertad.

El poder inteligente adula a la psique, la halaga en vez de reprimirla o disciplinarla. No nos obliga a callarnos. Más bien nos anima a opinar continuamente, a compartir, a participar, a comunicar nuestros deseos, nuestras necesidades, y a contar nuestra vida. Se trata de una técnica de poder que no niega ni reprime nuestra libertad sino que la explota. En esto, dice, consiste la actual crisis de libertad.

Con respecto a la educación, critica la eliminación de la asignatura de Filosofía como materia obligatoria en colegios de España, argumentando que hoy se elimina todo lo que no reporta un provecho inmediato. Se renuncia a la formación integral a cambio de la formación profesional. Renunciar a la filosofía significa renunciar a pensar, y esto último tiene mucho que ver con los planteamientos de Claudio Naranjo, del que iba a escribir hoy, y que leeremos en la próxima columna. Que tengan un buen día. (O)