Es posible contratar seguros de terremoto. De esta manera se pueden asegurar las distintas propiedades y recibir indemnizaciones para reconstruir las casas y los negocios. Los seguros privados tienen un papel subsidiario importante que puede ahorrar muchos millones de dólares al Estado. Deben ser aseguradas las propiedades del sector público, las usinas, los aviones, las fábricas. Lo mismo en el sector privado, hasta los condominios cuyos administradores, según la Ley de Propiedad Horizontal, deben contratar seguros de incendio y daños de ascensor, pero le faltó agregar “los terremotos”. Me consta que la Municipalidad de Guayaquil tenía aseguradas sus propiedades, incluyendo los pasos a desnivel.

Tal vez el lector recuerde que en 1987 hubo un fuerte sismo en la Amazonía, que causó la ruptura del único oleoducto que teníamos. El seguro era insuficiente. El país perdió casi mil millones de dólares entre el daño emergente y el lucro cesante. Tuvimos que alquilar a Colombia uno de sus tubos para poder exportar nuestro petróleo. La gente llegó a decir que ese año hubo dos sismos: el otro fue el “Taurazo” contra León. Cuando le preguntaron al funcionario responsable de contratar los seguros contestó: que eran muy caros “y como nunca había pasado nada”… Decía la señora Thatcher “lo inesperado sucede”. Pero las contingencias pueden ser evitadas no en su acaecimiento sino en sus consecuencias económicas.

Invito al lector para que recuerde que en nuestra historia cada más o menos ochenta o cien años el país ha sufrido sismos o erupciones volcánicas muy fuertes, empezando con la erupción del Tungurahua cuando se inició la Conquista española, pasando por la erupción del Pichincha en 1660 que narra Mons. González Suárez en el tomo cuarto de su magnífica Historia General de la República del Ecuador, pasando por el que destruyó a Ibarra en 1868 y el sismo frente a Esmeraldas en 1906 (con epicentro cerca del último). En el siglo pasado sufrimos los muy intensos: en mayo de 1942 en Guayaquil y en agosto de 1949 en Ambato. ¡Parece que ya tocaba!

Considero que es deber de un buen administrador tomar y pagar seguros por los valores adecuados. Este sismo prueba que no es muy sensato contratarlos por sumas inferiores a sus valores reales, como se hace con ciertas importantes industrias del sector público con el pretexto de ahorrar primas de seguros. Nadie puede ordenar a los incendios ni a los terremotos que detengan la destrucción, que es suficiente, que ya no tengo más seguros. Ahora se demostrará la importancia de los reaseguros internacionales porque entrarán divisas para el pago de las indemnizaciones. Se moverá el sistema internacional y la enorme capacidad mundial para absorber pérdidas. Será otra forma de cómo opera en los negocios esa especie de solidaridad que es el sistema reasegurador mundial.

Debo terminar con unas palabras de sincero lamento por las víctimas y sus familias, por quienes lo han perdido todo o casi todo, por el dolor y la angustia sufridos y debo recordar que nuestro Medardo Ángel Silva nos dejó unos versos de esperanza: “En la noche más negra/ palpita el alba pura”. Debemos continuar. (O)

Ahora se demostrará la importancia de los reaseguros internacionales porque entrarán divisas para el pago de las indemnizaciones. Se moverá el sistema internacional y la enorme capacidad mundial para absorber pérdidas. Será otra forma de cómo opera en los negocios esa especie de solidaridad que es el sistema reasegurador mundial.