Durante la pasada Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) la mayoría de países miembros (25 de 34) aprobaron una resolución en la que, principalmente, calificaban de ilegítimas las elecciones generales del pasado 7 de noviembre en Nicaragua, en las que ganó el actual presidente Daniel Ortega, quien ahora intenta sacar a su país del organismo continental.

El Parlamento del país centroamericano, controlado por el oficialista Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y partidos colaboracionistas, ya ha pedido con 83 votos que la Asamblea debe “instar al presidente de la República, en su condición de jefe de Estado y jefe de Gobierno, a que denuncie la Carta de la Organización de los Estados Americanos, siguiendo el mecanismo estipulado en el artículo 143 de dicho instrumento”. Este “denunciar” implica retirarse de la OEA, por supuestamente ser “injerencista”.

Si llega a darse esta denuncia, según el artículo 143 de la Carta Constitutiva de la OEA, pasarían dos años hasta que dicha carta cesara para el Estado que la presenta, para así quedar desligado de la OEA; pero para ello también debería hasta ese momento cumplir con las obligaciones del documento.

De acuerdo con el medio nicaragüense Confidencial, analistas locales consultados ven esto como una maniobra del régimen para dar imagen de consenso entre los poderes.

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La intención del régimen sería adelantarse en imagen a cualquier acción de la OEA, que no puede expulsar a un país, pero lo puede suspender, como ya lo hizo con Venezuela cuando el régimen de Nicolás Maduro quería sacar a su país, pero ya otros países cuestionaban su legitimidad.

En este punto, Esteban Santos, analista de temas internacionales, también cree que Ortega quiere dar un golpe de imagen antes de que pase lo mismo que con el país petrolero.

“Es seguir el compás de lo que hizo Maduro en su momento: ‘A mí no suspenden, yo me voy’. Como tema de fondo (...) la burocracia internacional es lenta y un proceso de salida tardaría, fácil, un par de años, y hay esta idea de aplicar la Carta Democrática contra Nicaragua, pero yo, la verdad, también me reservo la idea, porque con un régimen que ya es tan autoritario, el que no se tenga control con algún organismo internacional que pueda velar en algo de los derechos de los ciudadanos, yo creo que en la práctica se ha demostrado que va en detrimento de las libertades y garantías mínimas básicas de las personas. Por eso el tema puede ser un poco más delicado como tal”, comenta Santos.

Según el analista, sería otra vez Estados Unidos quien podría tener opciones para la situación, pero este también sabe que si siguen aplicando sanciones a miembros del régimen y económicas al país —como retirarlo del TLC que tiene con varios países de Centroamérica—, puede provocar una oleada migratoria desde Nicaragua.

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Justamente Estados Unidos anunció el martes que prohibía a Ortega el ingreso a su territorio.

“La represión y los abusos del Gobierno de Ortega y quienes lo apoyan exigen que Estados Unidos actúe”, dijo el martes en Washington el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, quien anunció que tanto Ortega, su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo, como sus ministros y varios otros funcionarios no pueden ingresar a territorio estadounidense, recuerda AFP.

Estas prohibiciones se suman a una serie de sanciones aplicadas por Washington contra funcionarios y familiares de los Ortega Murillo en los últimos meses.

El analista nicaragüense Luciano García comenta que Ortega quiere “autocorrerse antes de que lo corran”, pues ya “tomó la decisión de radicalizarse al estilo Cuba, no le importa la comunidad internacional ni que la gente se muera de hambre”.

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“El pueblo de Nicaragua no creo que aguante tanta represión de parte de ese hombre, ni su propia gente lo va a aguantar. Está a la puerta del abismo... que el trámite tampoco es fácil para salir de la OEA, no es una mera legalidad y va a perder todos los beneficios, como créditos que le puede otorgar el Banco Mundial, las alianzas con países latinoamericanos, lo que va a hacer es básicamente es aislarse, con dos amigos en América: Cuba y Venezuela”, agrega García.

La OEA, según su propia documentación, apoya a los Estados miembros en áreas como el comercio, turismo, responsabilidad social empresarial, competitividad, uso de la tecnología e innovación para el crecimiento sostenible, temas jurídicos, y en asociaciones estratégicas y desarrollo de oportunidades de negocio. También implicaría mayor aislamiento y perdería préstamos, cooperación, donaciones de la comunidad financiera internacional. Estas y otras cosas más perderían los ciudadanos nicaragüenses si su país sale del organismo continental.

Ahora también hay que ver qué países servirán de “boya” para Ortega. Los llamados a esto serían China y Rusia, quienes reconocen las elecciones. En menor medida Cuba y Bolivia, pero estos no tienen la influencia y capacidad económica para ser de peso en esa ayuda.

“La paradoja es que el mundo ya vio que luego de todas estas décadas del embargo comercial a Cuba, yo no creo que se dieron buenos resultados como tal, porque la gente de calle fue la que terminó pagando los platos rotos mientras la cúpula sigue bien comida y enquistada en el poder (...). Lo propio, lo que pasó con Venezuela. Creo que Nicaragua está hacia el mismo camino (...). No se puede hacer lo mismo y esperar distintos resultados”, añade Santos.

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En tanto, a las declaraciones de rechazo a los resultados electorales se sumó una organización local.

El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) concluyó que las elecciones, en las que Ortega resultó reelegido para un quinto mandato de cinco años y cuarto consecutivo, fueron “ilegítimas” y “una farsa”.

Previo a las elecciones, la OEA y varios países entre ellos Estados Unidos y la Unión Europea (UE) exigieron liberar a los opositores presos y crear condiciones para que las elecciones fueran transparente, bajo amenaza de imponer más sanciones. (I)