El colombiano Pablo Escobar Gaviria fue el líder del cártel de Medellín y uno de los criminales más ricos de la historia, responsable de hasta el 80 % del comercio global de cocaína en la década de 1980.

Pese a todo el poder que llegó a tener, el Patrón, apelativo del entonces hombre más buscado del mundo, se entregó a las autoridades el 19 de junio de 1991, en la Oficina de Instrucción Criminal de Medellín.

Escobar puso como condición que la Asamblea Constituyente prohíba la extradición de colombianos. Y, a modo de presión para que se cumpla su petición, mandó a matar a Enrique Low Murtra, exministro de Justicia, el 30 de abril de 1991.

Low estaba a favor de la extradición de colombianos a EE. UU. por el delito de narcotráfico. Poco después del crimen, la Asamblea aprobó la no extradición de connacionales.

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El famoso criminal colombiano se entregó a las autoridades colombianas en compañía de sus colaboradores Carlos Aguilar, alias el Mugre, y Otoniel de Jesús González, apodado Otto. También lo hizo John Jairo Velásquez, el famoso sicario Popeye; posteriormente se entregaron otros más.

Escobar y sus colegas fueron llevados a una prisión conocida como la Catedral, en el municipio de Envigado, cerca de Medellín. Este sitio fue previamente un centro de rehabilitación de drogadictos, antes de convertirse en supuestamente una cárcel de máxima seguridad.

La Catedral no fue sino un gran centro de operaciones de lujo para el Patrón. El capo mandó a adecuar esta cárcel, de ocho hectáreas, con cómodas habitaciones, salas de billar y pool, bar, cancha de fútbol, cuadros y muebles importados e incluso una cascada natural. Desde allí, el narcotraficante ordenó varios crímenes, en tanto que adentro celebraba orgías y fiestas para amigos y sicarios.

Esta prisión estaba prácticamente a total disposición de Escobar; las armas, drogas y dinero sucio circulaban sin inconveniente. Incluso la guardia principal estaba en la nómina del narcotraficante; en tanto que los militares a cargo de la custodia del sitio le otorgaban beneficios tras ser sobornados.

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Escobar estuvo en la Catedral, señalada luego como “cárcel de máxima comodidad” debido a sus lujos, hasta el 22 de julio de 1992. La huida se emprendió cuando el presidente César Gaviria ordenó el envío de un fuerte equipo del Ejército al centro penitenciario, para trasladar a los narcos a una prisión militar.

El viceministro de Justicia, Eduardo Mendoza, y el director de Prisiones, coronel Hernando Navas Rubio, se movilizaron a Envigado para coordinar el pedido del primer mandatario.

En la cárcel, los internos armaron un motín. Mendoza se intentó comunicar con la Presidencia para informar de la situación, pero su acción fue detenida por Popeye, quien lo apuntó en su cabeza con una subametralladora. A su vez, el sicario ordenó desde una radio desatar el terrorismo en Medellín.

La situación hizo que altos mandos del Ejército y fuerzas especiales se movieran hacia Envigado para restablecer la seguridad. Escobar, junto con su hermano Roberto y nueve de sus lugartenientes, aprovecharon el enfrentamiento entre los guardias —a órdenes de narcotraficante— y los comandos del Ejército para emprender la fuga.

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Los mafiosos, que habían tomado como rehenes a cuatro funcionarios judiciales, se dirigieron hacia un muro de cinco metros de la prisión, que con anterioridad habían construido de yeso. La pared cayó con unas pocas patadas y los detenidos huyeron entre la niebla de la madrugada.

Tras la fuga se armó una cacería en todo el país para dar con el paradero del famoso criminal y sus compinches. Escobar finalmente fue localizado y abatido en el tejado de una casa de Medellín, el 2 de diciembre de 1993. (I)